Compartir
Pepe Estruch

En 1987, con 71 años, el Estruch jubilado decía: “Cuando yo realmente me entusiasmé con el teatro fue cuando vi a Margarita (Xirgu) en una temporada memorable que hizo el Teatro Español, dirigida por Rivas Cheriff. Fue mi gran deslumbramiento teatral, a mis 15 años, cuando me di cuenta que el teatro es algo más que una simple diversión o entretenimiento”. El Estruch adolescente de la foto, jovenzuelo, estaba muy cerca de la situación que describe el Estruch septuagenario. Esencialmente son el mismo; a mí me lo parece. Posiblemente en esta época le llamasen José María. ¡Glub! Era un mozalbete agraciado y gracioso. También de mayor.

PEPE ESTRUCH, EL MAESTRO
Pepe Estruch, mocete jovenzuelo en DESTACADOS ESCENA
Pepe Estruch

El lunes 15 de noviembre, al caer la tarde –ya casi noche- tendrá lugar el acto de entrega de Premios que llevan su nombre. Quiero regalarles unas notas del libro que sobre el maestro y sus escritos pronto saldrá editado –poemas, cuentos, reflexiones, conferencias, obras teatrales-, titulado ‘Los escritos de Estruch’. 

Hay dos palabras que definen perfectamente a nuestro maestro Pepe Estruch: una es “querido/a”, apostilla o glosa personal con la que se dirigía a las personas que trataba; la otra, pertenece a su particular modo de entender y practicar la docencia y era la utilización, con frecuencia, de un verso que decía Mi pena es muy mala, muletilla y fragmento de un poema que Estruch, el maestro, empleaba y administraba con fe y perseverancia en sus clases, talleres y encuentros profesionales. 

Hace unos años encontré de dónde procedía el verso Mi pena es muy mala. Su autor es Manuel Machado, y es el primero de la primera estrofa de las cinco que conforman el poema La pena. Forma este verso, junto con los dos siguientes, un llamado tercerillo o tercetillo –según Domínguez Caparrós-, aunque el verso central es de arte mayor –dodecasílabo-, mientras que el primero y tercero son de arte menor -hexasílabos-, que riman 6a 12- 6ª. La estrofa completa viene a decir:

Mi pena es muy mala,
porque es una pena que yo no quisiera
que se me quitara.

Lo cierto es que la estructura formal de los tres versos –el tercerillo-, y sobre todo el primero, eran empleados por el maestro para hacer todo tipo de peripecias y juegos rítmicos, expresivos, gestuales, corporales, estáticos y dinámicos, individuales y corales, con o sin evolución espacial, emitiendo sonidos onomatopéyicos, etcétera. Recuerdo claramente que jugábamos las seis sílabas (mi-pe-naes-muy ma-la) por indicación suya, otras por propia iniciativa, y siempre como rutina didáctica de ensayo, o calentamiento, o preparación para entrar con un texto, etcétera; de modo que el verso se podía fragmentar, repetir, enfatizar, alterar, reconducir, reconstruir, cortar, adaptar, en modo grave, o agudo, rápido, lento, solo o en grupo, en susurro, gritado, palabra redonda o angulosa, gesto mínimo o máximo, expresividad abierta o cerrada… Era una excusa perfecta y un comodín que Estruch usaba como herramienta pedagógica conveniente y convenientemente. 

De esa Mi pena es muy mala sé que han salido muy buenas propuestas teatrales, tanto en España, como en Inglaterra o Uruguay, lugares en los que vivió. Con seguridad. Mi pena es muy mala fue, ha sido, la herencia multidisciplinar que nos legó.

Con el maestro iniciamos el viaje hace mucho tiempo -¿dos siglos?- y también con este minúsculo verso de apenas seis diminutas, pero poderosísimas sílabas; esas son mis maletas.

¡Salud y Teatro!

Paco Alberola

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here