Se puede estar más o menos de acuerdo con lo que propone Bigelow en sus films, pero lo que es difícilmente cuestionable es su maestría a la hora de dirigir y narrar sus historias de la forma más eficaz, convincente y potente posible, consiguiendo atraparnos con historias que, a priori y en mi caso, no son las que más interés me podrían despertar.
Algunos críticos profesionales y espectadores han cuestionado el hecho de que no se exponen las consecuencias del ataque nuclear que sirve de detonante de la acción. No lo creo necesario. Primero, porque podemos imaginarlas fácilmente. Segundo, lo hemos visto profusamente en otras películas difícilmente superables como El día después (1983). Tercero, último y más importante: Empiezo a estar hasta las narices de que los films se juzguen por lo que nos gustaría que fueran y no por lo que son.

A Bigelow y su equipo no les interesa, en este caso, lo que pasaría después de que el misil nuclear alcance su objetivo, sino cómo los diversos organismos y personas encargadas de la seguridad nacional afrontan la situación una vez que son conscientes de que la guerra nuclear está cerca.
La cinta dividida en tres partes, contándonos los acontecimientos desde esas tres diferentes perspectivas (mandos intermedios, altos cargos y presidente del país), va de más a menos pero siempre mantiene el interés.
Como comentario social, indicar que el film da mucho miedo porque lo que vemos en pantalla es inquietante, incluso con la premisa, ahora pintoresca y naif, de que hay personas racionales aunque imperfectas al mando del gobierno; imaginar este escenario de crisis nuclear con la administración estadounidense actual es aún mucho más aterrador.
Esta película está disponible en Netflix, tras su estreno limitado en salas.
Cuando un misil de origen no identificado es lanzado contra Estados Unidos, la Casa Blanca comienza una carrera contrarreloj para determinar quién es el responsable y cómo actuar en respuesta. (Fuente: FILMAFFINITY)









