Romeo y Julieta despiertan, de E. L. Petschinka, basada en el original shakespeariano, es un título atractivo, que agrada, que fácilmente cautiva al público; primero por su protagonista, Ana Belén, y segundo por el tema archiconocido que trata.

Impecable la actuación de los intérpretes, algunos de ellos músicos. Impecable la puesta en escena, medida, dinámica.

Superior la técnica mímica empleada en algunos pasajes, en algunos personajes; predilecta la armonía sonora que acompaña el discurrir de la obra.

Meritoria la recreación del Romeo y Julieta shakespeariano, nada fácil, que hemos visto, con dirección de Rafael Sánchez. Estricto y justo –sublime- el juego gestual de construcción de personajes secundarios o corales, que aparecen de la nada y en la nada del espacio escénico desaparecen o se disuelven, para reconvertirse en otros personajes que apoyan la acción dramática desde otro ángulo complementario…

Sigamos con la benevolencia de la obra para afirmar que, en algún momento de la puesta en escena, indiscutiblemente Shakespeare está presente. Recuerden cuando el padre de Julieta le dice que “no te dejaré ni lo negro de debajo de las uñas si no te casas con Paris”; o la sublime coreografía de Romeo recreando el combate entre cuchilladas con Teobaldo; o la escena supuestamente proyectada de aquel Romeo y Julieta de hace cincuenta años, interpretado en un estilo exageradamente grandilocuente; y, sobre todo, el momento de tomar de nuevo el veneno, con un silencio absoluto, bestial, superlativo –un silencio mucho más allá del silencio- en una sala repleta de espectadores que ni respiraba, muda… Por ahí asomaba el bardo inglés sus manos, su torso, su cabeza, su aliento, mostrándose magistral, visceral, potente, dinámico, trágico, soberbio, espléndido.

'Romeo y Julieta despiertan'… a medio camino entre la tragedia y la comedia en ESCENA

En general, la puesta en escena se mueve en un terreno más dulce, amable, gracioso, hasta que llega la tragedia, que, felizmente se salva, tras la pirueta del anillo y del espejo, en una comedia de final feliz, como era de esperar, como no podría ser de otro modo. Y así se muestra desde los principios en esta particular puesta en escena. Repito: no hay mas final que el final que hay, que será afable, de comedia, claramente no trágico.

De esta manera, lo que en el original se nombra como The tragedy of Romeo and Juliet, aquí deviene en una ficción con elementos o momentos que se acercan tan sólo a la congoja, algo que, como dice el refrán “aprieta, pero no ahoga”.

Otros elementos destacables de la puesta en escena son el movimiento de actores, fácil, en el sentido de orgánico, equilibrado, dinámico; y también la composición espacial del mobiliario escenográfico, escueto, estricto, muy-muy teatral, animado rigurosamente por una iluminación matemática, de diseño, selectiva; y un vestuario muy al servicio de la puesta en escena, de los intérpretes y de los músicos.

Loable la corona de luminarias que como una pista circular ennoblece la acción de los personajes, resituándolos en ambientes tan distintos como la cripta, la plaza, la iglesia, la celda monacal…; facilitando que los mismos transiten desde el narrador que cuenta al otro  personaje -y al público- aquello que ocurrió en el siglo XV, hasta el personaje que se desconoce a sí mismo, su entorno, su tiempo, sus “circunstancias” –espectacular recurso, propio de la dramaturgia siglo XXI-, ya sea modelando el personaje como  un “Romeo desmemoriado”, ya sea como una “Julieta desubicada en el tiempo”.

El final de la obra será un oscuro integral –literal-  y absoluto. Ustedes descubrirán por qué cuando la vean.

Antes de acabar, decir que en la obra se canta, se baila, se ejecutan acciones mímicas complejas, muy bien resueltas, que se traba una complicidad especial con el espectador, que hay un guiño escénico hacia la tercera edad, en la que todos estaremos antes o después…, que no hay más que bueno a decir de los interpretes –todos-…

Les invito a que vayan a verla. Hoy, sábado 18 de noviembre a las 20 h., y mañana, domingo 19 a las 18 h., estará en el Teatro Principal, en Alicante. Seguro que les va a gustar tanto como a los espectadores del Gran Teatro de Elche, que, puestos en pie, agradecieron el magnífico juego escénico de este novedoso despertar de los amantes, con un fornido y afectuoso aplauso.

¡Salud y Teatro!

Paco Alberola

Artículo anteriorLas Cigarreras acoge el ‘Festival Máquina’ y La Lonja estrena la última exposición de Eduardo Lastres
Artículo siguienteSaiko encabeza el cartel de la próxima edición de Negrita Music Festival en Alicante
Actor, director de escena, docente y autor. Doctor por la Universidad de Murcia. Ex profesor de la Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia. Ex director artístico del Festival Medieval de Teatro y Música Medieval de Elche.

Dejar una respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí