Asistente al Aúpa Lumbreiras - © Javi Aix.

Hay festivales que simplemente regresan y hay otros que, cuando vuelven, parecen recuperar una parte de la memoria colectiva de una escena. El Aúpa Lumbreiras pertenece claramente a la segunda categoría. Después de años de ausencia, el festival volvió a Villena con su edición “The Return”, tres jornadas -del 13 al 15 de agosto- y más de medio centenar de bandas repartidas entre tres escenarios. Si algo definió esta edición fue precisamente eso: el reencuentro.

El ambiente del municipio volvió a girar alrededor del punk, el rock, el mestizaje y, sobre todo, la sensación de pertenecer. El recinto del Polideportivo Municipal ayudó a recuperar esa filosofía. Tres altares —Boni, Rober y Maneras de Vivir— mantuvieron la música prácticamente sin interrupción, mientras que la zona arbolada, el camping y la piscina permitían sobrevivir al calor de agosto entre concierto y concierto.

Jueves 13, el primer día llegaba con una declaración de intenciones. Soziedad Alkoholika, Reincidentes, El Último Ke Zierre, Sons of Aguirre & Scila, Sínkope, Parabellum, Gritando en Silencio, Deaf Devils, que hicieron parte del concierto en la pista; y Pedrá ocupaban los escenarios principales, mientras el Maneras de Vivir reunía a nombres como Rat-Zinger, Ktulu, Bihotza, Ebri Knight, Trastienda RC, Desastre, The Birras Terror y Laura DSK. Esta última hizo un cameo junto a Parabellum cuando llegó el turno de los vascos.

Era difícil pedir una bienvenida más representativa de lo que debía ser este regreso. El jueves mezcló generaciones. Estaban quienes habían vivido los antiguos Lumbreiras y quienes llegaban por primera vez. Reincidentes y Soziedad Alkoholika representaban la columna vertebral histórica del rock combativo; EUKZ, Parabellum y Sínkope mantenían viva la tradición del rock estatal; y propuestas como Sons of Aguirre & Scila demostraban que el festival no pretendía convertirse en un museo de la nostalgia.

El ambiente fue, probablemente, uno de los grandes protagonistas de la jornada: camisetas históricas, abrazos, grupos de amigos recuperando viejas costumbres y una pista que volvía a llenarse de pogos.

El viernes fue el día más clásico y reivindicativo. La jornada comenzó con uno de los platos fuertes del regreso: Evaristo y El Drogas compartiendo cartel. A su alrededor aparecían Narco, Talco, Porretas, Josetxu Piperrak & The Riber Rock Band, Envidia Kotxina, Kaos Etíliko, Manifa y Manolo Kabezabolo, mientras el Maneras ofrecía una programación con Arpaviejas, Periferia, Distorsión, Iratxo, Loncha Velasco, Malos Vicios, Maldito Matas y Groggy Rude.

Evaristo aportaba toda la carga histórica y política de una figura fundamental del punk nacional. El Drogas, por su parte, conectaba con varias generaciones de seguidores de Barricada y de su posterior trayectoria en solitario. Y entre ambos se desplegaba un cartel que iba desde el rock más directo de Porretas o Envidia Kotxina hasta el “punkchanka” de Talco y la potencia de Narco. Precisamente Talco representaba uno de los grandes puntos de encuentro entre música y fiesta. Su directo, basado en punk, ska y sonidos mediterráneos y balcánicos, encajaba perfectamente en un festival donde el público no entiende de fronteras entre géneros.

Y mientras los grandes nombres atraían multitudes, el tercer escenario mantenía la esencia del descubrimiento. Ese equilibrio entre artistas históricos y bandas menos masivas es una de las claves para entender el espíritu del Lumbreiras.

La jornada del sábado inició con un diluvio que mantuvo a todos con el corazón en un puño. Pero simplemente retrasó la actuación de Kamikazes media hora. Los efectivos de limpieza trabajaron sin descanso hasta dejar la pista lista para los pogos. Aunque a más de uno le encantó bailar sobre los charcos mientras lo hacían. El último día rompió definitivamente cualquier frontera estilística.

Los antes nombrados, La Pegatina, Dubioza Kolektiv, Boikot, Segismundo Toxicómano, Def Con Dos, Marky Ramone’s Blitzkrieg, Trashtucada, y Me Fritos and The Gimme Cheetos encabezaban los escenarios principales. En Maneras de Vivir estaban Mamá Ladilla, Agua Bendita, Skaparapid, Crim, Kante Pinréliko, Sin Propina, Avancarga y 4DZIKI.

La presencia de La Pegatina, con su único concierto de 2026 en la provincia de Alicante, convertía la última jornada en una auténtica fiesta multitudinaria. Pero el gran atractivo del sábado era precisamente la mezcla. Dubioza Kolektiv llevaba el festival hacia el hip-hop, el dub, el rock y los sonidos sureuropeos; Boikot recuperaba su capacidad para convertir un concierto en una celebración colectiva; y Def Con Dos aportaba su irreverencia habitual.

En el tercer escenario, mientras tanto, Crim, Skaparapid, Agua Bendita o Mamá Ladilla mantenían el espíritu más gamberro y underground. El resultado fue un sábado especialmente difícil de encasillar, con canciones coreadas por miles de personas que convivían prácticamente a pocos metros de distancia.

Hablar solamente de los grupos sería quedarse a medias. Porque el Aúpa Lumbreiras siempre ha sido también su público. La organización había planteado el regreso alrededor de una experiencia que recuperaba elementos clásicos: el camping, la piscina, zonas de sombra y las tres escenas funcionando de manera continua.

Eso favoreció una atmósfera muy diferente a la de un festival puramente basado en grandes cabezas de cartel. Aquí la gente no llega únicamente para ver a tres grupos concretos y marcharse. Se queda. Acampa. Se encuentra con conocidos. Descubre bandas. Pasa horas dentro del recinto. Y vuelve al escenario.

El calor de Villena, inevitable protagonista de cualquier agosto alicantino, convirtió las zonas de refrigerio en lugares tan importantes como las primeras filas. La concentración de público obligó a las autoridades locales a desplegar un dispositivo específico de seguridad, con Policía Local, Guardia Civil, bomberos, Protección Civil y Cruz Roja coordinados desde un Puesto de Mando Avanzado. Pero la imagen que queda por encima de todo es otra: la de una generación que llevaba años esperando volver a decir “nos vemos en el Lumbreiras” y que finalmente pudo hacerlo.

Una vuelta que tenía sentido, pues el cartel de 2026 pretendía recuperar una identidad. Por eso funcionó la combinación de bandas míticas junto a decenas de bandas de menor tamaño. El resultado fue un evento deliberadamente transversal, propuestas diversas compartiendo espacio sin necesidad de competir por una etiqueta.

Un par de días después de su regreso, la sensación que queda es que el festival no volvió simplemente para recordar lo que fue. Volvió para comprobar si aquella comunidad seguía existiendo. Y la respuesta pareció bastante clara: el Lumbreiras seguía ahí.

Crónica: Alba Roca
Fotos: Javi Aix

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