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Ya está a la venta la segunda novela de Francisco VeigaLas reglas de la cabra, de nuevo publicada por la alicantina Editorial Mankell. Se trata de una secuela de la primera obra, Ciudad para ser herida (2018) y parte de sus protagonistas vuelven a aparecer en ella aunque puede ser leída independientemente una de la otra.

Mientras que en Ciudad para ser herida la acción transcurría entre abril de 2016 y septiembre del año siguiente, en Las reglas de la cabra el marco temporal abarca desde finales de octubre de 2018 a las Navidades de 2019. Son los meses crepusculares de toda una era que se verá truncada con el desencadenamiento de la pandemia del coronavirus.

Francisco Veiga publica su segunda novela, ‘Las reglas de la cabra’, una historia de espías y de relaciones interpersonales en LETRAS A lo largo de esos meses, cuando faltaba muy poco para que el mundo se torsionara en un radical cambio de paradigma, varios servicios de inteligencia internacionales se vieron envueltos en una extraña conspiración foquista cuya organización y objetivos fueron producto de la desmesurada ambición de actores menores, prácticamente desconocidos u olvidados. Su dinámica, altamente impredecible, requirió sin embargo de un importante esfuerzo para ser conjurada.

La acción arranca de un extraño atentado, un ataque a tiros contra un Renault Space estacionado en la rue Archimède de Bruselas, frente a la taberna Sabores de España. Se trata de un vehículo policial camuflado que había sido utilizado previamente por Carles Puigdemont, lo cual hace sospechar a las autoridades belgas que el ataque tenía por objetivo al conocido político catalán; a lo cual contribuye el hecho de que la taberna había sido frecuentada por manifestantes indepes en algunas ocasiones.

En las primeras horas, la célula de crisis de los servicios de inteligencia españoles descarta esa hipótesis. La víctima había sido un oficial del VSSE cercano políticamente a la ultraderecha flamenca. A pesar de todo, hasta que no se aclare mejor la autoría del atentado y su intencionalidad, este puede seguir siendo una espada de Damocles sobre el gobierno de Madrid. Así que la investigación continuará y con ella irán surgiendo inquietantes personajes que llevarán al lector a los postreros años de la Guerra Fría, le describirán las modernas técnicas del espionaje empresarial o le trasladarán desde los países del plat pays belga a los recónditos paisajes de Kazajistán.

‘Las reglas de la cabra’ no es simplemente una novela de aventuras o de recreación del mundo de los espías. Se habla también y sobre todo, de las relaciones entre las personas y sus compromisos más profundos bajo circunstancias extremas.

Por supuesto, Las reglas de la cabra no es simplemente una novela de aventuras o de recreación del mundo de los espías. Se habla también y sobre todo, de las relaciones entre las personas y sus compromisos más profundos bajo circunstancias extremas. En Ciudad para ser herida esa problemática se centraba en la lealtad y la amistad. En las reglas de la cabra se explora un sentimiento todavía más trascendental: el amor en su sentido más amplio.

Ahí está el amor de la sargento Triguero hacia su profesión, que se ve frustrado cuando en la frontera con China se le desvela el sentido último de su habilidad en el tiro de precisión; el amor de los Toy Soldiers por su ideario político y por su patria, del cual no dudan no en los momentos más negros; el amor lésbico de Hamida que Leila y Adam reconducen en amistad provechosa tras entender las presiones y humillaciones que sufrió por causa de su entorno. El amor de Fred que nunca fue sino odio. Y sobre todo, el amor a la desesperada que lleva a unos y otros a apostar todo lo que son por una refundación íntima contra la incertidumbre de un persona desconocida o la redención imposible de los pecados ajenos.

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