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El modelo mediterráneo de familia española comienza a resquebrajarse. Una investigación de la Universidad de Alicante así lo apunta, ya que tal como sostiene, en la actualidad el modelo de familia nuclear española está atravesando un período de transición, aproximándose cada vez más a los modelos individualistas del norte de Europa y anglosajones.

El sociólogo de la Universidad de Alicante Juan Antonio Roche Cárcel ha publicado el artículo The paradoxes of love in the Spanish family: a sociological approach, en la revista académica  F1000Research, donde señala que aunque el modelo tradicional de familia española aún conserva gran parte de sus antiguas funciones, éste es cada vez más efímero y ha surgido una pluralidad de formas familiares que han alterado la idea del matrimonio romántico para toda la vida.

Con el fin de conocer un poco mejor las conclusiones de su estudio, que analizan entre otras cuestiones conceptos contemporáneos como el “amor confluente” o “amor líquido”, entrevistamos a Juan Antonio Roche, profesor de Sociología en la Universidad de Alicante, presidente del Comité de Sociología de las Emociones de la FES (Federación Española de Sociología) y vicepresidente de la Red Internacional de investigadores de Sociología de los Cuerpos y de las Emociones REDISS.

Según su investigación, ¿en qué está cambiando el modelo mediterráneo de familia española?

El modelo mediterráneo es similar en España, Italia, Grecia y Portugal. Más o menos consiste en que la familia está muy unida, con unas interrelaciones sociales profundas. De hecho, aquí cuando por ejemplo hay crisis, la familia suele ayudar, frente al modelo del norte de Europa o anglosajón, que es más individualista, donde en parte cada uno va a la suya. Este tipo de familia mediterránea no es que haya desaparecido, sino que se está transformando rápidamente y en España el modelo se está acercando al del norte, al individualista. Cada vez somos más individualistas en el seno de la familia, sin que haya desaparecido totalmente el modelo mediterráneo. 

La idea es que estamos en un momento de tránsito, en el que la antigua familia tradicional mediterránea, basada en el sistema patriarcal, en el amor romántico para toda la vida y en un aspecto más comunitario y colectivo está dando paso rápidamente a un modelo del norte de Europa más individualista, donde domina el amor confluente, que es un amor efímero, no para toda la vida como el romántico. Estamos a medio camino entre el pasado y el presente. 

Decía de forma irónica el poeta Mario Benedetti: “Es casi ley, los amores eternos son los más breves”. ¿Podría decirse que esta frase está plenamente vigente según su estudio? ¿En virtud al aumento de los divorcios en la sociedad actual, se estaría produciendo una especie de contagio social?

Bueno, yo creo que Mario Benedetti quería expresar una paradoja. En cuanto a su segunda pregunta, la idea de que el matrimonio pueda ser para toda la vida pervive en la sociedad española como un ideal del amor romántico. En la mayoría de las encuestas, incluso los más jóvenes en general quieren casarse para toda la vida, aunque están surgiendo nuevas formas de convivencia. Pero claro, la cruda realidad se encarga de desmentir esto, porque aumentan los divorcios, las familias, por tanto, son más efímeras, no son para toda la vida. Además, están disminuyendo de número, minimizándose, y además están surgiendo nuevas formas de entenderla, más plural, aunque la familia nuclear, que es la compuesta por el padre, la madre y los hijos, sigue siendo la dominante. Todo esto es lo que hace que en el plano ideal la mayoría de la gente crea que es posible el matrimonio y el amor para toda la vida. Y la realidad lo desmiente. Por ejemplo, los divorcios están aumentando desde la implantación de la Ley del Divorcio en España, salvando el parón de la crisis del 2008. Ésta es la realidad con la que nos encontramos, que parece que está desmintiendo ese deseo social focalizado en el ideal del matrimonio para toda la vida. 

No vivimos un amor en el sentido de que pueda madurar y extenderse en el tiempo, ya que es un amor demasiado efímero.

Usted sostiene que en estos tiempos estamos bastante perdidos en la concepción del amor. En los últimos años han surgido numerosas aplicaciones y webs para encontrar pareja. ¿Puede dar la sensación de que hay demasiadas opciones que en realidad son un espejismo si lo que realmente se busca es un amor duradero? 

Ésa es un poco la clave de bóveda. Creo que es lo más profundo del asunto. En el siglo XIX dominaba el ideal romántico. La gente se casaba, las parejas vivían toda la vida juntas, tenían sus hijos… La familia dominante era la nuclear. Desde la segunda mitad del siglo XX, y en España particularmente desde la instalación de la democracia, la Ley del Divorcio y la admisión legal de otras formas de pareja, de matrimonio y de familia distintas a la nuclear, el panorama evidentemente se está complicando más.

En las encuestas, la mayoría de las personas, particularmente las mujeres, aunque también los jóvenes, siguen pensando que el ideal romántico es el más valioso, pero la realidad contemporánea, como decía antes, desmiente este hecho porque las parejas duran cada vez menos tiempo, aumentan los divorcios, las familias reducen el número de sus miembros, los hijos pueden tener dos e incluso tres familias porque los padres se hayan casado varias veces y entonces la cuestión radica en que el amor romántico es un ideal, pero hay muchas dificultades para llevarlo a la práctica en la realidad. Con lo cual, el amor confluente es demasiado efímero, demasiado líquido como dice Zygmunt Bauman, el amor romántico es demasiado ideal y al final resulta que no vivimos en la idealidad del amor para toda la vida y no vivimos un amor en el sentido de que pueda madurar y extenderse en el tiempo, ya que es un amor demasiado efímero. 

La cuestión es que estamos perdidos en el tema del amor y estamos perdidos en vincular el amor con el tiempo. 

¿Esta situación tan confusa respecto al amor, puede influir en los hijos, al no disponer en ocasiones de modelos de referencia claros? 

Eso, por un lado, pero por otro falta también que los jóvenes creen un modelo propio. Ya no nos vale la forma de amar del siglo XIX, el romántico; ya no nos vale la forma de amor confluente porque no nos satisface plenamente al ser demasiado efímero, pero claro, no hemos construido otra forma de amar que nos satisfaga, que perdure o al menos que nos permita madurar, que nos proporcione felicidad…

De todas maneras, cuando doy clases en la universidad, y también las encuestas de los trabajos empíricos lo dicen, los jóvenes evidentemente desean amar, como todos, otra cosa es que estemos más o menos capacitados para hacerlo cuando la realidad nos traiga el amor. Y también entra en juego la idea de que sepamos o no construir el amor. Como decía un autor clásico: “El amor es un arte”. Y el arte necesita un trabajo, necesita un tiempo. Y si el amor no sabemos trabajarlo ni cultivarlo, la cosa parece cruda.

 

Roche Cárcel JA. “The paradoxes of love in the Spanish family: a sociological approach”, F1000Research. 

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