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Carlos Izquierdo y Carles Viarnes
Carlos Izquierdo y Carles Viarnes interpretando conjuntamente

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n espacio de paz y sosiego en medio de la vorágine urbana. Una parada en el tiempo para reflexionar, sentir y soñar. Las bellas composiciones del alicantino Carlos Izquierdo y el catalán Carles Viarnès consiguieron crear desde sus primeras notas una atmósfera intimista y etérea en el Teatro Arniches el pasado viernes, fieles a la filosofía del ciclo de conciertos ¡Atiende Alicante! que los colectivos Un fulgor de moda antónima y Santa Leonor han organizado por primera vez en la ciudad, con total acierto.

 

Belleza y sosiego en las notas de Carlos Izquierdo y Carles Viarnès en MÚSICA
Carlos Izquierdo

Carlos Izquierdo fue el primero en subir a un escenario sumido en la oscuridad, donde los focos hacían resaltar su setup minimalista consistente en un piano Yamaha -que compartieron ambos artistas-, apoyado por un Korg Volca Keys, un pequeño sintetizador analógico polifónico que le servía para acompañar los sonidos del piano.

Jugando con el feedback mediante un pedal de delay, el músico añadía texturas y conseguía rellenar el espacio, confiriendo un toque muy ambient. Y con un pedal looper, con el que Carlos demostraba un gran dominio, grababa capas con las secuencias que iba interpretando, y éstas se iban superponiendo y repitiéndose, añadiendo una gran sonoridad al conjunto.

Su interpretación fue marcadamente intimista y minimalista, y mediante la repetición de secuencias -una de las bases de la meditación tibetana para llegar a la quietud mental- consiguió transmitir sensaciones de calma y paz. Carlos Izquierdo se dirigió varias veces al público para explicar brevemente que el repertorio escogido para el concierto no estaba incluido ni en su primer disco ‘Campo Cero’ ni en el álbum que está de camino, ‘Cielo de luciérnagas’.

Así que los temas interpretados en el Arniches fueron primicias, que el autor presentó con ánimo de estimular el pensamiento y la imaginación del público, al que instó a que después de la actuación le transmitiera sus sensaciones. Con el tema ‘Volada’, Carlos Izquierdo concluyó su intervención y dio paso a Carles Viarnès.

 

Belleza y sosiego en las notas de Carlos Izquierdo y Carles Viarnès en MÚSICA
Carles Viarnès interpretando con el Theremin

La entrada en escena de Viarnès fue rotunda. Con su teclado, puso música a la voz de lo que parecía el canto de un monje, creando una atmósfera entre ancestral y futurista. De formación clásica, el autor se mueve en el terreno de la música contemporánea y el minimalismo, con toques de estética electrónica y experimental.

En el escenario, su equipo consistía en un piano como instrumento principal, y un JEN SX-2000 Synthetone, un antiguo sintetizador analógico monofónico de los años 70 y de origen italiano con el que añadía efectos sonoros y potentes graves a algunas de sus interpretaciones.

Con los pedales de delay y looper agregaba texturas y superponía capas de sonido; y sorprendió con su Moog Theremin, uno de los primeros instrumentos electrónicos de la historia, que no necesita contacto físico para su interpretación, cuyo tono y amplitud se controlan según la distancia de las manos con sus antenas (el mismo principio que en la radio). Un instrumento realmente complejo de interpretar sin desafinar, debido a que su frecuencia es continua y no está dividida en semitonos como en una guitarra o un piano.

Carles se dirigió al público afirmando “no soy Carlos Izquierdo”, una broma debido al aspecto parecido de ambos, jóvenes, con espeso pelo rizado y barba. “Lo único que nos diferencia son las gafas, que yo no llevo”, dijo. Pero no era lo único que les hacía diferentes. Aunque ambos tengan un enfoque musical similar y usen instrumentos de manera parecida, los resultados son totalmente distintos, dando lugar a variados paisajes sonoros en los que transmiten su universo particular. 

Las interpretaciones de Viarnès fueron complejas y elaboradas y, en ocasiones, evocaron reminiscencias de Vangelis. El músico tocó temas como ‘Deambulant’, ‘Ergo’, una versión de la canción popular rusa del siglo XIX ‘Balalaika’ y composiciones de su primer disco titulado ‘Urban Cactus’, entre ellas, ‘Sustain’ e ‘Iris’.

El músico catalán también interpretó ‘Trashborders’, dedicada a una isla del Pacífico formada a base de plásticos arrastrados por las corrientes marinas, un despropósito de la humanidad sugerido con sonidos metálicos, tristes y desoladores. El músico se despidió con una hermosa pieza ‘Au revoir, Theresa’, que sonó como un lamento, un grito desgarrado.

Tras los aplausos del público, los dos Carlos compartieron teclado para interpretar “revueltos” una bonita pieza, aunando virtuosismo y sensibilidad. Un verdadero festín para los sentidos.

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