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El Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas se conmemora el sábado 24 de marzo. Con motivo de esta efeméride ese día se reúnen en un recital-lectura bilingüe, en castellano y francés, Gaëlle Maurelli, traductora y prologuista del fotopoemario “Poemas del exilio”, obra de Manuel Antonio Velandia Mora, y Harmonie Botella, encargada de la revisión de textos. La actividad está organizada por la Asociación de Nuevos Escritores de El Campello (ANUESCA) en la Casa de Cultura de El Campello, a las 18 h., con entrada libre.

El poeta Manuel Antonio Velandia Mora es un artista multidisciplinar y profesor universitario colombiano residente en Alicante, exiliado, refugiado político y asilado en España. Ha sido reconocido por el Estado colombiano como víctima del conflicto armado.

¿Por qué se decide a escribir “Poemas del exilio”?

Durante mucho tiempo el dolor y la tristeza pudieron más que el perdón y el olvido. En los primeros años, cada vez que alguien me preguntaba sobre mi situación de refugiado se me inundaban los ojos, se me encogía el corazón y las emociones quedaban expuestas a flor de piel. Con la poesía he logrado transformar mis emociones.

Usted es más conocido por su poesía homoerótica.

“Los poemas del exilio están escritos desde una óptica muy particular, la de víctima y persona que brinda apoyo psicosocial a otras víctimas del conflicto armado colombiano”
“Poemas del exilio” no es un poemario homoerótico, tal vez el hecho más difícil para salir de mi temática previa fue retomar las amenazas de muerte y el atentado con granada en contra de mi vida. Cuando me sentí emocionalmente preparado, los poemas fueron fluyendo y con ellos mi sanación interior. Escribir sobre el amor y el desamor que he vivenciado hacia algunos hombres ha sido un hecho casi terapéutico para sobrellevar la soledad, la tristeza o la extrema alegría, pero los poemas del exilio están escritos desde una óptica muy particular, la de víctima y persona que brinda apoyo psicosocial a otras víctimas del conflicto armado colombiano; decidí sacar fuerzas de mis historias pasadas y ponerme en el oficio de escribir.

¿Usted es una víctima de los Paramilitares en Colombia?

No fueron las guerrillas quienes me vulneraron directamente, sino los paramilitares. No es fácil la reconciliación con quienes te hicieron daño y cambiaron el rumbo de tu vida; me es difícil asumir las formas extremadamente sangrientas de asesinar, torturar, incluso hasta llegar a descuartizar vivas a las personas o hacerlas desaparecer, que tienen los paramilitares.

Somos varios cientos de miles las víctimas colombianas que vivimos en el exilio en todos los continentes y en muchos países del mundo. No todos hemos sino reconocidos como tales, no todos hemos podido trascender a las violencias, no todos han gozado de las medidas de atención, asistencia y reparación integral. Sin embargo, hay algo que nos une: el interés por una Colombia nueva y en paz.

“En mi país las víctimas se incrementan con el paso del tiempo, incluso con el proceso de negociación de Paz”
En mi país las víctimas se incrementan con el paso del tiempo, incluso con el proceso de negociación de Paz. Primero sumaron a los homosexuales y los travestis, luego a las lesbianas y las trabajadoras sexuales, ahora a l*s líderes sociales que luchan por sus tierras y l*s exguerrilleros. Cambian de nombre los victimarios, pero en resumen los asesinos siguen siendo miembros de “escuadrones de la muerte”.

¿Por qué considera que el arte es una estrategia de sanación psicosocial?

Cuando presento mis performances o leo los poemas, las personas se sienten tocadas en su interior, se permiten dejar fluir sus emociones. No hay que ser una víctima colombiana para sentir empatía, pero todos quienes han estado en un conflicto armado en el interior de su país o en la guerra con otros saben por experiencia propia lo que se siente. Lo mismo sucede en quienes han sido acosados, vulnerados, estigmatizados por su orientación sexual o su identidad de género, eso hace de mi poesía y mis performances un tema universal.

¿Usted utiliza diversos caminos del arte para narrar sus historias?

En la nueva experiencia de transformación me acompañé de otras experiencias artísticas: la performance, la fotografía, el grabado y las instalaciones; con esos nuevos lenguajes pude salir de mí y llegar a otros y entonces todo fue fluyendo más fácilmente.

Estos “Poemas del exilio”, que presentamos en El Campello y las fotografías que los acompañan, al igual que el grabado de la portada del libro que los contiene, hacen parte de un proyecto más grande y ambicioso al que he denominado “Desechables, limpieza social”, que es una reflexión artística multidisciplinar, a la par que una forma de contribuir a la construcción de la memoria histórica.

Poemas del exilio, poesía artivista en la Casa de Cultura de El Campello en LETRAS
Gracias dios mío porque me diste fuerzas para matarlo. Grabado de Manuel Velandia, portada del fotopoemario Poèmes de l´exil

Usted dice ser un Artivista, ¿qué significa serlo?

Artivismo es una palabra que combina “arte” y “activismo”. El artivismo no es algo nuevo, pero sí se ha desarrollado mucho más en los años recientes. Al estar unido a las protestas en contra de la globalización y los conflictos armados o a temas en los que la teoría queer aflora como experiencia artística los nuevos lenguajes emergieron y proliferaron. Los artivistas no somos políticos sino artistas, aun cuando algunos sean también políticos, lo que los mueve en este caso es usar el arte como lenguaje que genera mundos.

Por supuesto todos, todas y todes tratamos de empujar agendas políticas a través del arte. El artivista se encuentra involucrado muchas veces en arte callejero o arte urbano, por ejemplo yo realicé en Alicante una performance en la que pedía limosna frente a un importante comercio.

Mi trabajo artivista no es reciente, ya en Colombia, de eso hace casi dos décadas, realicé instalaciones enmarcadas en esta perspectiva artística. Igualmente participé en algunas acciones con ATCUP en New York y en Montreal.

¿En qué se inspira su trabajo artivista?

Mi obra se inspira en la metáfora del ser humano perteneciente a una minoría sexual como sujeto al que se prefiere o se le hace inexistente, al que se le cubre con una capa invisible fortalecida por el rechazo y la exclusión social y demás crímenes de odio y se le separa social y emocionalmente hasta el punto de ser invisibilidad por los agentes de la violencia. La telaraña de actores responsables se esa red se teje con finos hilos; en ella participan importantes representantes del Estado y de sectores económicos, políticos y religiosos de la sociedad. Para mí, las mujeres son también minoría porque son vulneradas como tales. En algunos de los poemas el sujeto que moviliza mi emoción son ellas.

Su trabajo no es un trabajo en solitario.

Esta obra es una pequeña contribución a ese estado de bienestar que, entre todos, todas y todes construimos. Una contribución en la que he contado con el apoyo de muchas personas a quienes agradezco, especialmente a la actriz española y modelo Katherine Muñoz quien encarnó a las mujeres víctimas; a JCSanzPhoto (Juan Sanz) por su paciente ejercicio de abandonarse a sí mismo para permitirse ser dirigido artísticamente por mí y lograr hacer las fotografías que yo había concebido; también a Gaëlle Maurelli quien además de ser la traductora, hace el prólogo a mi libro y a Harmonie Botella que hizo una lectura externa del texto. Agradezco también a Álvaro Ricardo Molano, mi-ex-mi-amor, quien fue víctima del atentado al igual que yo y a mi familia, que ha sufrido con el peso de mi ausencia.

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