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Jesús Núñez, codirector del IECAH y autor de 'Daesh', en la Sede Universitaria Ciudad de Alicante - © María Gilabert / Alicante Mag

La amenaza global que supone Daesh requiere un análisis profundo sobre este grupo terrorista con el fin de conocerlo en todas sus dimensiones para poder atajarlo con eficacia, o al menos intentarlo. Jesús Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), ahonda en esta compleja realidad en su obra “Daesh” (Los Libros de la Catarata), que ayer presentó en la Sede Universitaria Ciudad de Alicante junto al profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la UA, Ignacio Álvarez Ossorio.

Núñez, uno de los principales expertos en el tema, concedió una entrevista a Alicante Mag, en la que arroja luz sobre los orígenes de Daesh, su magnífico aparato propagandístico, los instrumentos necesarios para combatirlo, la magnitud del número de víctimas musulmanas de sus atentados o la situación actual del conflicto en Siria, que recogen las páginas de esta obra imprescindible para aproximarse al grupo terrorista sin ambages.

Su libro trata de que los lectores conozcan mejor a Daesh, ¿cuáles son los inicios de este grupo terrorista y su relación con Al-Qaeda?

Podemos caracterizar a Daesh como un hijo rebelde de Al-Qaeda. Por lo tanto, es un miembro de la familia de lo que en su momento fue la principal red yihadista de referencia global, de tal manera que, hace poco más de diez años, a lo que hoy llamamos Daesh lo llamábamos Al-Qaeda en Mesopotamia o Al-Qaeda en Irak. Era una de las franquicias de esa organización, junto con Al-Qaeda en el Magreb islámico, Al-Qaeda en la Península Arábiga y otras.

Y en un momento determinado, tenemos que entender que se produce un cambio, estamos hablando de los últimos años antes de la proclamación de ese pseudo califato en el que Abu Bakr al-Baghdadi, el líder de Daesh, desobedece las órdenes de Aymán al Zawahirí, el líder supremo de Al-Qaeda una vez que ha sido eliminado Osama Bin Laden, y en lugar de subordinarse a esa autoridad, la reta en lo que podemos entender que es hoy en día una competencia por el liderazgo del yihadismo global.

Jesús Núñez: "Una sociedad atemorizada está más dispuesta a ceder en sus libertades y derechos" en LETRAS
Portada del libro ‘Daesh’

Percibo cierta confusión en la opinión pública occidental sobre los grupos terroristas yihadistas: Daesh, Estado Islámico, ISIS, Al-Qaeda…

A los que unos llamamos “Daesh”, que es el acrónimo en árabe de lo que otros llaman “Estado Islámico” en Irak y el Sham o Irak y Levante o Irak y Siria. Por lo tanto, con esos diferentes nombres no me extraña que se haya producido confusión, pero básicamente, como digo, hoy cabría identificarlo -dicho coloquialmente- como la marca que mejor vende en el mercado yihadista, sustituyendo a la propia Al-Qaeda, que parece para algunos más decaída y para otros incluso desaparecida, lo cual es un error. En ese sentido, Daesh ha ido acaparando una dimensión que parece que tapa a cualquier otro grupo yihadista, pero desgraciadamente no es el único que existe.

Usted es muy crítico con las políticas antiterroristas llevadas a cabo hasta el momento contra el terrorismo yihadista, al estar sobre todo enfocadas a la lucha armada. ¿Qué elementos deberían tener esas políticas para que fueran eficaces?

Mi lectura crítica de la respuesta militarista que se ha adoptado fundamentalmente hasta ahora no viene de ningún presupuesto ideológico, sino del mero análisis de los hechos. Es decir, si después de más de una década de invasión y ocupación militar de Afganistán y de Irak hoy esos países fueran funcionales, Al-Qaeda fuera un mal recuerdo del pasado y los talibán hubieran desaparecido… tendríamos que admitir, nos gustara o no, que hay una solución militar para la amenaza terrorista. Pero basta con mirar a esos dos países y entender que son disfuncionales en todos los sentidos, que Al-Qaeda sigue estando ahí, que los talibán controlan ya la mitad de Afganistán y siguen aumentando su presencia, para entender que ese camino no nos lleva a la resolución del problema.

Luego, desde ese punto de vista, y tratando de matizar para no caer en errores ni en extremismos, claro que hace falta un componente militar en la respuesta, no tengo ninguna duda. Llegado a un punto en el que el monstruo tiene una capacidad y una voluntad de matar como la que tiene hoy en día Daesh es imposible poder dar marcha atrás y conseguir desactivar esa amenaza si no se cuenta también con instrumentos militares.

Jesús Núñez: "Una sociedad atemorizada está más dispuesta a ceder en sus libertades y derechos" en LETRAS
Jesús Núñez – © María Gilabert / Alicante Mag

Pero si eso no va acompañado de una respuesta que atienda a las causas estructurales que sirven de caldo de cultivo al yihadismo, es decir cuestiones sociales, políticas y económicas, percepción de exclusión, de marginación por parte de individuos que se radicalizan hasta el punto de pensar que la violencia terrorista es la única solución a sus problemas, no estaremos haciendo más que repetir una y otra vez la misma situación. Porque detrás de cada líder o de cada combatiente yihadista que sea eliminado vendrá el siguiente si el caldo de cultivo es el mismo.

Por lo tanto, nos faltan fundamentalmente -y ya van muchas veces repitiendo el mismo error- estrategias de respuesta que sean, por un lado, multilaterales, dado que la amenaza es global, por lo que ningún país por separado puede hacerle frente con mínimas garantías de éxito; multidimensionales, porque no hay un sólo instrumento que baste para neutralizar la amenaza, ni el militar ni ningún otro, sino que tiene que haber una mezcla; y un esfuerzo sostenido, de largo plazo, ya que no hay atajos ni forma de resolver el problema que representa de un día para otro. Y para complicar todavía más el problema, aún haciéndolo así, no tenemos ninguna garantía de éxito de antemano.

Eso es lo que no se está haciendo: esfuerzo sostenido multilateral  multidimensional, sino fundamentalmente un enfoque de corto plazo, utilizando lo que tenemos a mano, que básicamente son medios militares para intentar producir resultados inmediatos. Y la situación así no mejora, al revés, empeora.

Y eso además teniendo en cuenta que manejan muy bien los vídeos, que parecen videoclips con los últimos avances, las redes sociales,… Todo esto provoca que capten con mucha facilidad a gente que ya de por sí es fácilmente manipulable. 

Eso es. Tanto en países de identidad musulmana, como en países occidentales, tenemos que partir de la base de que hay individuos que no se sienten integrados, por la razón que sea. Da igual que sea religiosa, étnica, de género, por el apellido, por el color de la piel,… esos individuos son potencialmente susceptibles de caer en un proceso de radicalización. Y Daesh ha demostrado ser, desgraciadamente, un maestro en el uso de esas realidades, combinado con un aparato de propaganda magnífico que consigue atraer la atención de estos individuos hacia sus filas, trabajando precisamente esas claves de dar sentido a personas desorientadas, que no encuentran sentido a sus vidas en la sociedad en la que se hallan localizadas.

Por lo tanto, es un potentísimo motor de reclutamiento. No sólo en cárceles y mezquitas, que eran los focos principales de captación, sino cada vez más en las redes sociales. Y si encima, muchos medios de comunicación le hacen la publicidad gratis… todavía consigue más efecto.

Desde los medios de comunicación occidentales se tiende a dar más visibilidad a las víctimas de los atentados terroristas que se producen en sus propios territorios que a las que caen en otras regiones del mundo. De hecho, en Irak y Siria el número de víctimas es mucho mayor.

Yo entiendo que sea hasta natural que, por ejemplo, ocurra un terremoto en la otra esquina del planeta y los medios de comunicación del país X lo que analizan es si hay alguna víctima de su propio país, y por lo tanto las tratan de forma distinta a cualquier otra. Pero es supone no entender que la amenaza del terrorismo es global, que nos afecta a todos. Y que tan importante es un atentado que se produzca en París o en Barcelona como que acontezca en Alejandría, en Bagdad o en cualquier otro lugar. Eso por un lado.

“La inmensa mayoría, en torno al 80% de todas las víctimas mortales producidas por el terrorismo yihadista son ciudadanos de identidad musulmana”
Y por otro, si nos vamos a las cifras, no hay ninguna duda: la inmensa mayoría, en torno al 80% de todas las víctimas mortales producidas por el terrorismo yihadista son ciudadanos de identidad musulmana, no ciudadanos occidentales. Y si lo ponemos con nombres de países: Pakistán, Afganistán, Irak, Siria, Libia, Somalia y Nigeria son los principales escenarios de esos atentados yihadistas que se llevan por delante la vida de ciudadanos de identidad musulmana.

Eso, ¿a dónde nos lleva? A que se está sobredimensionando la importancia de esa amenaza. Es decir, visto desde Occidente hay un sobredimensionamiento de la misma, disfrazándola de amenaza existencial, cuando realmente no lo es.

¿No es una amenaza tan considerable como parece?

Es una amenaza real, sin ninguna duda. Conviene matizarlo, eso resulta fundamental para no descontextualizar mis palabras. Hay gente con capacidad y voluntad para matar. Y mata donde puede. Pero no es una amenaza existencial, en el sentido en el que si pensamos en las cifras de 2016, las últimas que tenemos, fueron algo más de 26.000 personas las que murieron en todo el planeta en todo el año por atentados terroristas. Todos los días mueren en el mundo más de 30.000 personas por diarrea, deshidratación y otras causas que podríamos resolver de un día para otro si la cuestión fuera salvar vidas humanas.

“Estamos en una dinámica, en muchos de nuestros países, de recorte de derechos y libertades. Lo cual significa, bajo mi punto de vista, una derrota frente a los terroristas”
Luego, entendamos que visto desde Occidente, mi interpretación es que hay un interés por parte de gobiernos occidentales de crear un clima de temor generalizado entre su propia población, sobredimensionando la amenaza. Porque de ese modo, con una sociedad atemorizada y prometiendo lo que nunca se puede cumplir, es decir, seguridad absoluta, esa sociedad una vez que tiene el sentimiento del temor ya interiorizado está más dispuesta a ceder en sus libertades y en sus derechos. Por eso estamos en una dinámica, en muchos de nuestros países, de recorte de derechos y libertades. Lo cual significa, bajo mi punto de vista, una derrota frente a los terroristas, porque dejamos de ser lo que realmente somos, sociedades abiertas, democráticas,… Ése es para mí uno de los problemas principales, el sobredimensionamiento.

¿Qué opina de la situación actual en Siria, tras las últimas masacres por parte del régimen de Bashar al-Ásad en Guta Oriental? La que principalmente muere es la población civil atrapada entre los dos frentes, ¿por qué la comunidad internacional no actúa para impedirlo? Habrá muchos intereses involucrados…

Efectivamente, desde mi punto de vista, dicho crudamente si no se ha hecho nada después de 470.000 muertos en estos últimos siete años, ¿por qué se va a hacer por 500 más? Por lo tanto, no va a ocurrir nada que cambie una dinámica que determina, por un lado, que el tiempo corre a favor del régimen genocida de Bashar al-Ásad y que, por otro lado, él es visto como un mal menor por el conjunto de la comunidad internacional. Nadie se va a mover para modificar esa situación.

Y como decías, es la población civil la que resulta perdedora de un conflicto en el que, ya no solamente hay un choque entre un régimen que pretende mantener el poder y los llamados “rebeldes opositores”, sino que en un segundo nivel hay un conflicto regional en el que Arabia Saudí, Irán y Turquía, fundamentalmente, dirimen sus diferencias apoyando a actores locales. Y que en un tercer nivel tiene a Estados Unidos y a Rusia también apostando por determinados grupos. De tal manera que ahora mismo, por ejemplo lo que está ocurriendo estos días en Guta Oriental no es solamente un régimen machacando a la población civil, sino que son también unos grupos llamados “rebeldes”, que en realidad son grupos yihadistas que tienen a la población civil como escudos humanos y que también la masacran y la asedian. Por lo tanto, no son buenos contra malos, son malos contra malos utilizando a la población civil, por intentar resumirlo en una sola imagen.

Más información, en la web del IECAH

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