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Javier Reverte en Casa Mediterráneo - © María Gilabert / Alicante Mag

Al escritor y periodista Javier Reverte le cautivan los escritores que escriben directos a las emociones, por eso uno de sus autores predilectos es Albert Camus. En muchos de sus viajes por el mundo acude a lugares literarios, en busca de aquellos paisajes que marcaron sus vidas o inspiraron sus libros. Sin duda, él ya forma parte de ese selecto y reducido género de escritores que llegan a los sentimientos.

Autor de numerosos libros de viajes, que le han reportado una legión de seguidores, como la trilogía sobre el continente africano compuesta por ‘El sueño de África’, ‘Vagabundo en África’ y ‘Los caminos perdidos de África’, ‘Trilogía de Centroamérica’, ‘El corazón de Ulises’, ‘El río de la luz. Un viaje por Alaska y Canadá’, ‘En mares salvajes. Un viaje al Ártico’ o ‘Canta Irlanda. Un viaje por la isla Esmeralda’, Reverte combina con maestría la profusión de datos históricos, que sitúan al lector en el contexto del país, y las anécdotas que surgen en el camino en su contacto con la gente. Esa proximidad, unida al sentido del humor, sean quizás el secreto de su éxito.

Javier Reverte, antes que escritor, veterano periodista con una larga trayectoria como reportero, corresponsal y guionista de documentales, estuvo el pasado 26 de enero en Alicante, invitado por Casa Mediterráneo para impartir una conferencia sobre la evolución del periodismo en España en el marco del ciclo ‘Periodistas del Mediterráneo’, con la colaboración de la Asociación de la Prensa de Alicante. Con motivo de este encuentro, el autor concedió una entrevista a Alicante Mag.

Javier Reverte: "Me gusta ir a los lugares literarios y sentarme en las playas de Homero" en LETRAS
Javier Reverte en Casa Mediterráneo junto a la moderadora de la conferencia, Sonia Marco -© María Gilabert/Alicante Mag

Como le han hecho muchas entrevistas, intentaré no caer en demasiados tópicos. ¿Cómo se define a sí mismo como escritor?

Esa pregunta nunca me la han hecho (risas). Mira, yo sobre todo soy un hombre curioso, entonces, en la medida en la que soy un hombre curioso soy un escritor curioso. Y en ese sentido me gusta mucho experimentar, no solamente seguir un rumbo de escritura que yo podría trazar en dos sentidos: la literatura de viajes y la novela. Me gusta hacer cosas diferentes, escribo teatro, poesía,… ahora estoy escribiendo una novela muy extraña que no sabría cómo calificarte. Me gusta intentar hacer cosas que no sé si soy capaz de hacer. Yo creo que un escritor debe intentar hacer lo que piensa que no es capaz. Bueno, puede no salirle, pero a lo mejor le sale.

¿Qué es lo que cree que atrae a sus lectores de sus libros de viajes, que le han reportado tanta fama?

Es un tipo de literatura, la de viajes, que prácticamente no había en España. He logrado mucha audiencia y, a pesar de Montoro, estoy logrando vivir de ello. Nos ha quitado la pensión a muchos escritores y nos está haciendo una verdadera canallada; este gobierno es un enemigo absoluto de la cultura. Mientras que perdona a los ricos que se llevan el dinero fuera, a nosotros los escritores nos persigue por el hecho de escribir.

No sé exactamente por qué gustan mis libros y no quiero preguntármelo demasiado porque creo que si uno se pregunta demasiado sobre las cosas acaba haciéndose un lío. Es como cuando te enamoras, por ejemplo. ¿Por qué te enamoras de una persona? Si empiezas a preguntártelo demasiado a lo mejor te desenamoras, porque empiezas a ver un montón de cuestiones que no te convienen, o no te interesan o no te atraen, de las que no te habías dado cuenta. Yo creo que a las cosas hay que dejarlas un poco ir a su aire. En todo caso, mi acercamiento a la gente se debe a que intento ser muy próximo, ponerme a su nivel y quizás esa especie de calor que puede transmitir estar cerca de los demás es lo que pueda atraer al lector. Quizás puede ser también que escribo con amenidad, no lo sé. Además, nunca desdeño el sentido del humor, reírme de lo que ocurre a mi alrededor y de mí mismo.

¿Qué es lo que le mueve a viajar?

Soy un culo de mal asiento (jejeje). La verdad es que desde que soy pequeño siempre he querido irme a otros sitios. El colegio me  enseñó a largarme, porque siempre lo odié. Para mí era un lugar de encierro, donde todo se prohibía, donde incluso pegaban… Siempre quise escapar de un mundo opresor a un mundo más luminoso, de ensueño, que comportara ilusión, aventura y quizás ése fue el ánimo que me impulsó a viajar: el hecho de pensar que el mundo podía ser de otra manera, distinto al que me rodeaba, el de la España infeliz de la posguerra.

Después de recorrer medio mundo, ¿qué lugares le gustaría conocer?

Bueno, me van a quedar muchos, porque el mundo curiosamente conforme más viajas, se hace más grande. Te das cuenta de que no vas a poder conocer todo lo que quisieras. Me gustaría volver al Ártico. Es un mundo que me atrapó mucho. También me gustaría hacer un viaje largo por México, que no sé si podré hacer, porque ahora es un sitio muy peligroso y no muy recomendable para ir. Este año seguramente iré a Sicilia. Fíjate, yo conozco muy bien el Mediterráneo, la dos orillas, y sin embargo Sicilia que es un lugar tan mediterráneo, casi es el alma del Mediterráneo, porque allí están representadas casi todas las culturas, aún no la conozco. La vida te va proponiendo cosas, te quita otras, y la mía se va acortando, como la de todos. Tendré que ir eligiendo.

En uno de sus libros, ‘El hombre de dos patrias’, sigue las huellas de Albert Camus, ¿qué descubrió de los lugares en Argelia donde vivió el escritor?

Bueno, no fui a descubrir, fui a encontrar lo que ya sabía pero a emocionarme con ello. Camus es uno de los escritores que más me gustan. ¿Por qué razón? Porque hay un tipo de escritores, al que pertenece él, que escribe directamente a las emociones. Yo tenía muchas ganas de conocer el lugar del que habla en dos o tres libros magníficos, y sobre todo el que dejó incompleto, ‘El primer hombre’ -el manuscrito estaba en el coche cuando tuvo el accidente que le costó la vida y su hija tardó casi treinta años en publicarlo-.

A mí me gusta mucho ir a los lugares donde estuvo un escritor o donde concibió un libro. Así como hay gente a la que le gusta ir una vez en su vida a La Meca o al Vaticano, a mí me gusta ir a los lugares literarios y sentarme en las playas de Homero, por ejemplo. Eso me sucedió con Albert Camus. No me decepcionó nada. Fue un viaje corto. Fui desde Alicante, cogí el ferry del muelle conocido entre los taxistas como el “de los moros”, un barco de contrabandistas, lleno de zapatos de Elda, de televisores… El viaje dura desde las 7 de la noche hasta las 7 de la mañana, hay un ferry un día a la semana con destino a Orán y otro a Argel. Y cuando desembarcas allí es impresionante, se llena todo de zapatos…

Orán, que fue una ciudad muy española, ahora está muy deteriorada. Argelia fue socialista, muy entrecomillado, porque hubo una corrupción tremenda. Es un país donde no había tanta discriminación por sexo como en otros países. Ves mujeres en vaqueros, fumando y bebiéndose una cervecita en el centro de Argel. Le pasa como a Siria antes de la guerra, había mujeres vestidas con el hiyab y otras en vaqueros fumándose una pipa de agua en una cafetería. Eso también pasaba en El Cairo, en Turquía… pero se va acabando porque van limitándolo con las leyes.

Argel es una ciudad preciosa, muy descuidada, huele a alcantarilla, pero es de una belleza… porque además está en una bahía muy luminosa. Vas en tren de Orán a Argel en cuatro horas y te cuesta sólo siete euros. El único problema es obtener el visado.

Javier Reverte: "Me gusta ir a los lugares literarios y sentarme en las playas de Homero" en LETRAS
Javier Reverte junto a la moderadora de la conferencia Sonia Marco – © María Gilabert/AlicanteMag

En su libro ‘Un verano chino’, el país no sale muy bien parado. 

Lo cuento en el libro, me pareció un cuento chino (risas). No me gustó nada, francamente. Sobre todo por una razón: porque, primero con el maoísmo y después con la revolución económica, han terminado con cualquier tipo de tradición, han quemado templos, las viejas artesanías casi han desaparecido y no han rescatado valores nuevos. El único interés fundamental de la gente es el dinero. Y si eres millonario, exhíbelo, mucho más que en Estados Unidos y que en Europa. Además, abunda la mala educación o más bien la ausencia de ella. Es un país contaminado, como una vaca abierta en canal, horroroso, no voy a volver.

Retomando su experiencia en el Ártico, a donde quiere volver, ¿qué sensación se tiene ante el vacío?

Da una sensación tremenda de vacío, aunque hay mucha vida. En apariencia es la muerte, el hielo, el frío, la nieve, las banquisas que cubren el mar… pero si estás un tiempo la vida empieza a mostrarse. Ves osos polares, zorros, alces, morsas, focas, ballenas… y hay zonas de tundra en las que en primavera y en verano ves plantas y flores muy brillantes. A mí sobre todo me produce una sensación de soledad un poco pavorosa, que es como si te enfrentaras a tu propio destino, y llena de belleza. Para describir el color blanco, que es el dominante, los inuits tienen unas 50 palabras.

Usted que ha escrito varios libros sobre África, ¿qué tiene este continente que atrapa a tantos viajeros?

Muchas cosas, pero la principal de todas quizás sea la naturaleza, tremendamente salvaje y extrema, donde tienes la sensación de que una tormenta puede acabar con tu vida. Luego la calidez de la gente, a pesar del drama, de la violencia, de las hambrunas, de las enfermedades. Todo tiene su razón de ser. No es que sean mejor los africanos y nosotros peores, sino que ellos viven más al día, más en función de lo inmediato, de salir adelante de un día para otro y eso genera un cierto despegue de la urgencia y el fatalismo. Cuando se dice: “Qué alegre es la gente en África por las noches, cómo canta y baila”. Lo que pasa es que supone un día que han superado la muerte, que han ganado la batalla a la pobreza y de alguna manera lo celebran.

En cuanto al tema que le ha traído a Casa Mediterráneo para hablar sobre la evolución del periodismo español, ¿qué visión tiene del mismo en la actualidad?

Mi visión es muy negra, sobre todo para los periodistas, porque es una profesión masificada, ha ido cerrando puertas en vez de abrirlas, se ha abaratado muchísimo y los márgenes de libertad de expresión son cada vez más estrechos. Aunque las redes sociales te permiten un grado de libertad que nunca ha podido tener la opinión pública, al mismo tiempo permiten un espacio tremendo a la mentira.

¿Cree que falta periodismo de calle? 

Absolutamente. El periodismo de calle es la madre del periodismo, es ir a un sitio, sentirlo, contarlo… ¿Por qué en Alicante nadie ha hecho en 20 años un reportaje sobre el ferry que va a Argelia? Ahí tienes la respuesta, porque no les interesa a los dueños de los periódicos.

Para terminar, ¿cuál es su próximo libro?

En mayo publico un libro sobre dos viajes, al que he llamado ‘Confines’: un viaje al Ártico, en concreto a las Islas Svalbard, un archipiélago noruego, el archipiélago habitado más al norte del mundo, y el otro a Tierra de Fuego, los dos extremos del planeta.

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