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Carlos Mayoral en su visita a Alicante - © María Gilabert / AlicanteMag

El segundo libro del joven escritor Carlos Mayoral (Villaviciosa de Odón, 1986) “Empiezo a creer que es verdad mentira” (Círculo de Tiza), devorador de libros y activista literario que arrasa en las redes sociales bajo el nombre de @LaVozDeLarra trata sobre un tema aparentemente alejado de los bombazos editoriales, los grandes clásicos de la literatura, injustamente denostados, que el autor reivindica en un cóctel de realidad y ficción que le ha valido gran éxito de lectores.

Por sus páginas, en un juego novelado, desfilan historias conocidas o no tanto que muestran sorprendentes conexiones entre figuras como Hemingway y Pío Baroja, Virginia Woolf y Alejandra Pizarnick, Borges y Joyce o Roberto Bolaño y Antonio Machado, entre otros muchos.

Carlos Mayoral escribe de forma habitual en Jot Down y El Español, así como en su exitoso blog personal lavozdelarra.wordpress.com. Su primer libro, ‘Etílico’, evidenció sus gran bagaje literario novelando la inseparable relación entre alcohol, autodestrucción y literatura en vidas tan apasionantes como las de Fitzgerald, Hemingway, Poe, Bukowski y Plath. Mayoral estuvo en Alicante el pasado 11 de abril para presentar su libro en la librería Pynchon&Co de la mano de Casa Mediterráneo en el marco del Ciclo ‘Escritores y Mediterráneo’, y nos concedió una entrevista a AlicanteMag.

Éste es tu segundo libro, ¿qué pretendías al escribirlo?

Creo que muchas veces el acto de escribir o de la creación artística no responde tanto a pretensiones, a querer reivindicar, algo como a puras necesidades. A mí, desde hace mucho tiempo, por estudio, por trabajo y por reflexiones propias me sobrevolaba todo este mare magnum de escritores clásicos y de literatura más allá de lo habitual, de lo contemporáneo. Como notaba desde niño que el término “clásico” era una manera de marcar a fuego, para mal, a los autores, una etiqueta que los estigmatizaba, supongo que algo inconsciente hay de reivindicación, de intentar ponerlos en su sitio de una manera más moderna que la forma habitual de presentarlos, “vengar la memoria de esos autores que, por otro lado, son gran parte del patrimonio cultural que tenemos”.

Los autores que aparecen en el libro, ¿están marcados por el malditismo, han tenido vidas difíciles, tienen un nexo común a pesar de sus diferentes estilos y épocas?

Carlos Mayoral "venga" la memoria de los grandes clásicos de la literatura universal en LETRAS El libro está escrito en primera persona y el nexo común es tan simple y tan subjetivo como que forman parte de las lecturas de esa primera persona que narra. La portada del libro tiene la “verdad” tachada y la mentira escrita en su lugar, es un doble plano entre ambos. Tiene mucho de experiencia personal, no lo voy a negar, pero a la vez se mezcla con la ficción y con los autores. Puedes encontrarte perfectamente en un capítulo al autor matando a Unamuno y en el siguiente tomándose algo con un lector empedernido de Bécquer. No es tanto una creación ensayística académica como una narración, un cuento dedicado a ellos. Al final, el libro es una radiografía de esas lecturas: cómo le influyen al narrador, cómo le hacen traspasar el umbral de la realidad, cómo entra en otro mundo al penetrar en esas lecturas, por eso esa verdad-mentira-realidad-ficción es un plano por el que se pasea todo el rato en la narración.

Entonces, mezclas la ficción con la realidad de sus vidas. Te permites la licencia de hacer ficción y de crear historias con sus personalidades…

Eso es. Obviamente, el libro tiene también un corte divulgativo que tampoco puedo negar y se dan datos, anécdotas, información sobre los autores, se reflexiona sobre su obra, su vida desde un punto de vista más ensayístico… Pero para mí la mejor cara del libro es la que tiene que ver con la ficción y cómo todo ese corte ensayístico influye en el protagonista del libro y cómo él lo va digiriendo en su vida real.

¿Crees que hoy día la gente joven adolece de desconocimiento de los clásicos?

Sí, están señalados. Cuando alguien piensa en los clásicos, tiende a meter en el mismo saco a un clásico del siglo XX, como a Machado por ejemplo, con un poeta del siglo XVII, con un novelista del XVIII, con un dramaturgo del XV… Al final, no importa qué han hecho, ni cómo, ni por qué, sino solamente que “son clásicos y me dan miedo” y eso obviamente influye en las ganas que la gente tenga de leerlos. Eso es, en parte, culpa del sistema educativo, que nos ha obligado en muchos casos a deglutir esos clásicos y cuando uno no está preparado para una lectura termina empachándose y cogiéndole asco.

Carlos Mayoral "venga" la memoria de los grandes clásicos de la literatura universal en LETRAS
Carlos Mayoral en su visita a Alicante – © María Gilabert / AlicanteMag

Por mi experiencia, en el colegio nos obligaban a memorizar biografías completas de los autores y a leer obras para las que en muchas ocasiones no estábamos preparados.

El otro día, aquí en Alicante se me acercó una profesora de Primaria y me preguntó cómo podríamos hacer para que los chavales se acerquen a los clásicos. Y yo le respondí que lo que sí sé es lo que no hay que hacer, que precisamente es lo que se hace ahora: meter en vena datos y biografías absurdas. Y lo que hay que hacer es despertar el hábito lector en los niños con lecturas adaptadas a su edad, y una vez que ellos ya tengan ese hábito, serán capaces de llegar a Unamuno, a Ortega y a quien quieran. Pero de momento, déjales que exciten su propio hábito lector por sí mismos.

Cuando estudié Periodismo en la Complutense descubrí a autores maravillosos que no llegué a estudiar en el colegio, como Baudelaire, Cesare Pavese, Henry James,… Si no hubiera estudiado esa carrera quizás no los habría conocido o mucho más tarde.

De hecho, ahora quieren eliminar la asignatura de Literatura Universal en segundo de Bachillerato y las pocas o muchas posibilidades de acercarte a figuras como Baudelaire o Henry James se difuminan. Al final, esto responde a una especie de persecución de las humanidades en el sistema educativo, por tener ese aura de que no son productivas desde el punto de vista mercantil, lo cual me parece nefasto para el ser humano, porque precisamente el humanismo, como su propio nombre indica, consiste en eso: en desarrollar interiormente al ser humano y conseguir que individualmente uno tenga espíritu crítico, creativo y no se deje llevar por simples cifras y números.

Filosofía creo que ya la han eliminado de los estudios reglados. 

En mi época, en filosofía nos enseñaban a unos diez autores de carácter universal y ahí se quedaba, lo aprendías de memoria y lo vomitabas en el examen, cuando realmente esta disciplina debe consistir en llegar a un tipo de cota intelectual y a hacerte pensar por ti mismo, no perdernos en Platón, Nietzsche o Freud. Todo esto va al hilo de lo que hablábamos antes: que se vomite tanta información absurda en exámenes provoca que cuando tengas que volver a hacer la digestión con Ortega, Unamuno, Freud, Marx… con las grandes mentes de la historia, ya siendo mayor y teniendo armas para enfrentarse a ellos, ni siquiera seas capaz de mirarlos a los ojos.

¿Cómo está siendo la acogida del libro?

Muy bien, el libro no es muy comercial. Atrae a un tipo de público muy concreto y por eso en algún momento incluso llegamos a tener dudas. Pero en cuanto salió a la calle tuvo una respuesta muy amplia y no puedo estar más contento con la acogida que le han dado los lectores.

¿Tienes otro libro entre manos?

Estoy trabajando ahora en una novela que me está consumiendo bastante tiempo, porque tiene algo que no tienen los ensayos, la poesía o la prosa periodística y es que te exige una dedicación casi diaria, no perder el hilo y estar en constante contacto con el argumento y es algo que me agota y me cuesta. También tengo en mente hacer algo de cara al 80 aniversario, el año próximo, de la muerte de Machado. De momento, lo segundo es más idealismo e ilusión que un proyecto propiamente dicho.

Para ti como escritor, ¿qué aporta la novela a los lectores?

La novela, sobre todo en España, es una manera de reivindicar muchas cosas. En la cultura hispánica, en general la novela, el teatro y la poesía han servido para plasmar pensamientos. Quiero decir que casi se encuentra más filosofía en “La vida es sueño” de Calderón de La Barca, el Quijote de Cervantes o en los artículos de Larra que en los ensayos del Padre Feijoo o los filósofos de cabecera.

En este sentido, pareciera como si el artista español tuviera la necesidad de recurrir a la ficción para explicar la realidad, y ahí vuelvo a ligar con el libro: la realidad y la ficción están tan íntimamente unidas que en España parece que se necesitan, se retroalimentan. Los últimos acontecimientos políticos que están ocurriendo en España son pura ficción, parece que fueran parte de una novela de esperpento de Valle Inclán.

No obstante, pese a que el escritor relate la realidad también tiene que poner de su parte.

Al final los personajes están marcados por cómo el escritor gire la muñeca, entonces, siempre van a tener un punto de vista suyo. Por ejemplo, sobre las Guerras Carlistas, te puedes empapar más con una novela de Valle que con cualquier tratado de historia al respecto. Al final, cuando Valle Inclán deforma la realidad es capaz de radiografiarla con más nitidez que si escribiese un ensayo académico.

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