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Gervasio Sánchez ha sido el invitado estrella a PhotoAlicante 2016. Ha llegado a la ciudad como propuesta formativa de La Escuela Mistos y el gran público ha tenido la oportunidad de asistir de forma gratuita a su masterclass “Los rostros de la guerra”.

Su workshop “La dignidad es lo que importa” llevado a cabo en el auditorio del MACA ha sido el marco de la entrevista exclusiva realizada por Manuel Antonio Velandia Mora para AlicanteMag.

Oyéndolo me da la impresión de que Usted es muy directo, políticamente incorrecto… ¿es ésa su forma de ser periodista?

Tú tienes que buscar un poco los equilibrios emocionales. Mi estrategia ha sido decir siempre lo que se me da la gana cuando estoy en público, puedo tener un público de la izquierda, del centro o de la derecha, al final si la gente quiere podemos hacer un debate. Yo no voy a dejar de decir lo que creo conveniente decir; me gusta rascar la ira profunda en la que vive mi profesión. Yo quiero seguir viviendo el periodismo con pasión, con compromiso 24 horas al día, desde cuando me levanto hasta cuando me acuesto; cuando sueño, también sueño como periodista. Se trata de equilibrar para mí mismo los malos rollos… claro que cuando estás es una conflicto hay malos rollos.

¿Qué es lo peor de cubrir una guerra?

Para mí el peor momento de una cobertura es tener que salir de mi casa, porque en tu casa estás a gusto, con tu familia, en tu cuarto… Cuando sales, tienes que coger buses, trenes… salir a cualquier hora del día o de la noche, ir a un aeropuerto, coger un avión, luego coger otro avión… y de repente caes en otra ciudad, en Kabul o en cualquier otra ciudad en la que hay conflicto y empiezas a ver lo peor, que no es lo que borró la guerra sino lo peor del ser humano, es en ese momento en el que le sale lo peor, violando, matando. Salir de casa con montones de kilos, 60 kilos de equipaje en el que llevas no sólo ropa, sino cámaras, ordenador, satélite y muchas otras cosas que necesitas para ir a la guerra. De pronto estás en una ciudad donde pasan cantidad de cosas, donde no para el conflicto, en donde tienes que ir a la morgue para saber cuántos muertos hay en el día.

La gente suele considerar que ser periodista de guerra es una profesión muy excitante…

Gervasio Sánchez: "Tienes que tratar a la gente con el respeto que se merece" en FOTOGRAFIA
Gervasio Sánchez

Por supuesto, en donde hay guerra no se me ha perdido nada. No voy porque me excita. No voy porque quiera ganar un premio. Igual, cuando vuelves del viaje siempre hay alguien que considera que la guerra te sirve para ligar, tal vez quisiera que la guerra sirviera para ligar pero no es así… Lo que quiero decir, es que no voy a la guerra para ligar después, a mí eso no me ha pasado. Voy a la guerra por razones de peso y esas razones tienen que ver con la necesidad de informar sobre las cosas que ocurren en zonas oscuras del mundo más allá de nuestras fronteras. Pareciera que hay conflictos que no existieran, conflictos muchas veces olvidados, conflictos sin testigos.

Si uno no se deja impactar no puede transmitir con decencia, es necesario sentir lo que pasa para podérselo contar a otras personas


¿Por qué razones un periodista decide cubrir una guerra?

Cubrir una guerra no es una aventura ni mucho menos. Uno va a la guerra sabiendo que todo el dolor va ser un gran impacto contra su propio interior; si uno no se deja impactar no puede transmitir con decencia, es necesario sentir lo que pasa para podérselo contar a otras personas, sin falsear los sentimientos. Uno no puede cubrir una guerra pensando en que uno puede ser el próximo premio. La mente es muy subversiva y la vanidad es una especie de satisfacción que no debía asumirse; cuando estás en la guerra hay que estar ahí pero también hay que tener espacio para recomponerse, para encontrar otros momentos que te acompañen en la vida, para poder hablar con tu familia y contarles lo que pasó y que ellos logren entender por qué no te quedas en casa.

¿Luego de haber cubierto una guerra le gusta regresar a las ciudades visitadas?

Me gusta volver a los países cuando acaba la guerra, volver a los sitios para ver lo maravilloso que es un país en paz y visitar lugares milenarios; no siempre podemos ir antes de que estallen los conflictos. Me gusta ir a los lugares y pararme para ver lo que ha sucedido. Es preocupante ver que algunas de las cosas que viste, ya no existen; en las guerras incluso se pulverizan las propias estructuras físicas; cuando las ciudades se rehabilitan no son las ciudades que se conocían, son una copia de lo que han sido, de lo que fueron. Volver y estar en el lugar donde ha habido la guerra, donde has hecho algunas de las fotos; volver a ver la gente, estar allí, tomarte un café y poder sentarse a leer un libro, es una manera de recomponer las heridas internas.

¿Cuando se retrata una guerra hay tiempo para ver otras cosas?

Uno ve mucha gente asesinada pero no tiene tiempo para ver las construcciones, las ruinas, la cultura de los países. Cuando uno regresa es una forma de equilibrar esa violencia; de que la muerte, la violencia, no te corroan. Una forma de limpiarse porque cada vez que vuelves, creo que adquieres una responsabilidad como ciudadano.

¿Un periodista puede cambiar la percepción sobre la guerra?

Al principio del trabajo como periodista y foto-reportero uno cree que sus imágenes y los textos pueden cambiar las situaciones y es probable que causen algún impacto pero no van a poner fin a la guerra. No se consigue aun cuando haya una gran cobertura, no importa que estén ahí los mejores periodistas del mundo, los mejores diarios del mundo, ellos no van a acabar los conflictos.

¿Teme vulnerar con sus fotografías a los ya de por sí vulnerados?

En el contacto con el sufrimiento tienes que ser muy cuidadoso en la manera de tratar a la gente, no la puedes atropellar. Uno no puede llegar con la puta cámara o la grabadora a sacar la declaración. Tienes que tratar a la gente con el respeto que se merece. Mi táctica es tratar a la gente como me gustaría que me trataran a mí, si yo estuviera agonizando. Yo tengo derecho a la intimidad, a ser respetado. El periodista, el fotógrafo, no puede convertirse en un agresor más. La gente espera que se respeten sus costumbres, su música, su manera de actuar, de pensar… son importantes. Yo a veces pienso que yo puedo ser el padre de una esas criaturas. Incluso, puede pasar una semana entera y yo hacer sólo un rollo de película porque necesito hacer relaciones, construir vínculos, antes de hacer cualquier fotografía.

¿Cubriría usted una guerra que afectara a España?

Si yo hiciera periodismo local que es la madre de todas las batallas viviría descuartizado hace tiempo. En el periodismo local es donde se hace censura, se persigue, se quita del medio a periodistas locales. La sección económica de los medios tiene un gran riesgo, ahí se sabe lo que pasa al lado de tu casa, en tu ciudad. Lo que hace el banco, la casa de ahorros, dónde y con quiénes se dan las relaciones impunes que se tienen con el banco, con los que dicen ser amigos. Todo esto, si alguien se atreviera a contarlo entonces tendría mucho que contar, pero cuando uno decide ir a Afganistán y trabajar con desaparecidos, por más de que uno sea muy crítico no es la misma situación que cuando ha sucedido algo en el propio país. Yo tengo muchísimo respeto a los periodistas que trabajan en los medios locales y cubren lo que sucede en los conflictos en su propio país, ellos sí han estado en las guerras realmente.

Lea el blog fotográfico de Gervasio Sánchez en este link

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