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Ave, Caesar! Io, Saturnalia! Sir Lawrence Alma-Tadema - 1880 Akron Art Museum (Estados Unidos)

Me gusta mucho esta época del año. De hecho, el 21 de diciembre es uno de los días del año que más me gustan… ¡¡¡Es el solsticio de invierno!!!

Desde un punto de vista astronómico, corresponde al instante en que la posición del Sol en el cielo se encuentra a la mayor distancia angular negativa del ecuador celeste. El Sol alcanza su declinación más al sur, visto desde el cielo de la Tierra. Marca el inicio del invierno en el hemisferio norte y del verano en el hemisferio sur. Visto desde latitudes norte, el Sol traza su arco más bajo, por lo que se acorta el máximo el tiempo entre el amanecer y el ocaso. Es el día en el que menos horas de luz tenemos.

A partir de ese día, cada vez los días son un pelín más largos. La astronomía no es mi fuerte. Así que prefiero hablar de otra cosa…. pero antes, les dejo dos detalles. En el primero pueden ver un gráfico que muestra el solsticio de invierno en el Hemisferio Norte.

Io Saturnalia! … Ave, Sol Invictus! … ¡Feliz Navidad! (I) en AIRE LIBRE ESTILO DE VIDA GASTRONOMÍA

El segundo es un video en el que se ve el paso de la Tierra por los equinoccios y solsticios entre el 19-09-2009 y el 19-09-2010. Se observa la variación del eje de la Tierra a lo largo de todo un año.

El término solsticio significa sol inmóvil. En estos días, el Sol cambia muy poco su declinación de un día a otro y parece permanecer en un lugar fijo del ecuador celeste.

Todas las culturas se han dado cuenta de este hecho y simbolizaron estos días de una u otra forma aunque para todas representaba el auténtico nacimiento del Sol.  Pensaban que tras este hecho,  toda la Naturaleza comenzaba a despertar lentamente de su letargo invernal y los humanos veían renovadas sus esperanzas de supervivencia, gracias a la fertilidad de la tierra.

Todos los pueblos antiguos celebraban el nacimiento del astro rey mediante grandes festejos, caracterizados por la alegría general y acompañados de ceremonias colectivas, centradas en cantos y danzas rituales y en la recogida de ciertas plantas mágicas, como el muérdago. Las grandes hogueras tenían la función de provocar el calor y la fuerza de los rayos de un sol recién nacido, que encaraba su curso hacia la primavera, inundando la tierra con su poder regenerador.

Algo parecido tenemos en el solsticio de verano. En esa fecha, lo que se hacía era dar gracias al divino sol… por haber sobrevivido un año más… por su generosa intervención en el ciclo agrícola y ganadero.

Al surgir las culturas urbanas, los rituales agrarios no desaparecieron, sino que se adaptaron a las nuevas circunstancias y necesidades. Por eso, las fiestas paganas más importantes traspasaron el ámbito campesino y se convirtieron en ciudadanas. Así, la fecundidad que, en origen solicitaban para el campo y el ganado, pasó a comprenderse como prosperidad y riqueza para la ciudad.

Es decir, desde hace miles de años y para las culturas y sociedad más diversas, el solsticio de invierno ha representado el advenimiento del acontecimiento cósmico por excelencia. No es ninguna casualidad, por tanto, que a muchos dioses relacionados con el Sol (como Osiris, Horus, Apolo, Mitra, Dionisos/Baco, etc.) fuese situado durante este período temporal. De esto volveremos a hablar.

Tenemos pues que, como no podía ser de otra forma, ese día tiene mucha importancia en todas las culturas y en todos los calendarios agrícolas. Es sabido  que muchas de nuestras fiestas tienen su origen en los cambios de estación y con inicios o finales de tareas agrícolas. Lo hemos dicho muchas veces.

En el Hemisferio Sur se hace algo parecido, pero a finales de junio. Así, existen las fiestas Inti Raymi, We Tripantu, Maruaroa… Nosotros estamos en el Hemisferio Norte. Nos detendremos un poco más en él.

En Japón, celebraban Amaterasu (diosa del Sol en el Sintoísmo) También se le llamaba Requiem de los Muertos. Otros pueblos de Asia celebran el Festival de Solsticio de Invierno o el extremo de Invierno conocido como Festival DōngZhì (o Festival Tōji). Tiene sus orígenes (como no podía ser de otro modo) en el yin y el yang … dicen que después de esta celebración, habrá días con más horas de luz natural y, por tanto, un aumento de la energía positiva que fluye…

Los pueblos indígenas (conocidos como los Sami) del norte de Europa (Finlandia, Suecia y Noruega) celebraban la Fiesta en honor a Beiwe. Es la diosa de la fertilidad, la primavera, el Sol y la cordura.

Los galos celebraban la Deuorius Riuri. Era la gran fiesta divina de invierno.

En la cultura celta, la festividad del solsticio de invierno recibía el nombre de Yule. El Yule designa el momento en que la rueda del año está en su momento más bajo, preparada para subir de nuevo.  En Escandinavia existía la tradición de celebrar el Yule con bailes y fiestas. También se sacrificaba un cerdo en honor de Frey, dios del amor y la fertilidad, que según la creencia controlaba el tiempo y la lluvia.  Durante la festividad de Yule era tradicional quemar el tronco de Yule, un largo tronco de árbol que iba ardiendo lentamente durante toda la temporada de celebraciones, en honor del nacimiento del nuevo sol. De esa tradición parecen proceder los pasteles en forma de tronco (troncos de chocolate) que hoy en día se comen en Navidades.

Los persas celebraban el Festival Deygan dedicado a Ahura Mazda y Mithra (de éste volveremos a hablar), el primer día del mes Dey. En este caso, el último día del mes persa Azar es la noche más larga del año. Entonces, las fuerzas de Ahriman están en la cima de su fuerza. Al día siguiente, el primer día del mes Dey, conocido como Khoram ruz o Khore ruz (el día de sol) pertenece a Dios (Ahura Mazda). Los días son cada vez más largos… y este día marca la victoria del Sol sobre la oscuridad.

Durante el solsticio de invierno, la imagen del dios egipcio Horus era sacada del santuario para ser expuesta a la adoración pública de las masas. Se le representaba como un niño recién nacido, recostado en un pesebre, con cabello dorado, con un dedo en la boca y el disco solar sobre su cabeza.

Podíamos seguir y seguir…

Hoy hablaremos de ciertas fiestas y tradiciones de origen agrario que están vinculadas al solsticio de invierno. No centraremos en la tradición judeocristiana… ¿por qué?… porque es la nuestra.

En estas fechas, los judíos celebran Janucá (Hanukkah, llamada también la Fiesta de las Luces, Lucernarias o Luminarias). En concreto, en 2014 comenzó al anochecer del 16 de diciembre y terminó al anochecer del 24 de diciembre.  El año pasado fue entre el 7 Diciembre (Lunes) y el 15 Diciembre (Martes).  Este año comienza al anochecer de la víspera del 25 de Diciembre y, como siempre, las celebraciones se extienden durante ocho días. La festividad se celebra el 25 de Kislev del calendario judío.  Se festeja durante ocho días (termina el 2 o 3 de Tevet) y tiene tres posibles explicaciones u orígenes:

La primera versión (la oficial, por llamarla de algún modo)   conmemora dos sucesos:

a) la derrota de los griegos y la recuperación de la independencia judía gracias a los macabeos

b) la posterior purificación del Templo de Jerusalén de los iconos paganos en el siglo II a. C.

La tradición judía habla de un milagro, en el que pudo encenderse el candelabro del Templo durante ocho días consecutivos con una exigua cantidad de aceite que alcanzaba sólo para uno. Esto habría dado origen a la principal costumbre de la festividad, que es la de encender, de forma progresiva, un candelabro de nueve brazos llamado januquiá (uno por cada uno de los días más un brazo piloto).  A continuación,  tienen una imagen con uno de estos candelabros.

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Según otros, la Janucá es una fiesta vinculada al solsticio de invierno. Así, el Talmud cuenta como Adán sintió miedo al ver como los días se acortaban cada vez más. Según el relato, el primer año ayunó durante ocho días, y luego al comenzar a alargarse los días nuevamente, festejó durante otros ocho. El segundo año, se dio cuenta de que éste era el orden natural y entonces decidió celebrarlo. El encendido de luminarias (o  velas) representa de esta forma el que los días empiecen a alargar.

La tercera versión relaciona Janucá con la finalización de la cosecha de aceitunas y la elaboración del aceite. Según la Mishná, marca el final de la ofrenda de las primicias del olivo. Se indica que era una festividad agrícola en la que se encendían luminarias con aceite de oliva ya desde la época del primer templo de Jerusalén.

El próximo capítulo… Roma y la Saturnalia…

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