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Mitra Tauróctonos de Igabrum, hallado en Cabra en 1952

En cambio, se festeja el 7 de enero en otras Iglesias ortodoxas como la Iglesia ortodoxa rusa o la Iglesia ortodoxa de Jerusalén. Éstas no aceptaron la reforma hecha al calendario juliano para pasar al calendario conocido como gregoriano (papa Gregorio XIII). El calendario juliano se basaba en el movimiento aparente del sol para medir el tiempo. Desde su implantación en el 46 a.C., se adoptó gradualmente en los países europeos y sus colonias hasta la implantación de la reforma gregoriana en 1582. Sin embargo, en los países de religión ortodoxa se mantuvo hasta principios del siglo XX.

Io Saturnalia! … Ave, Sol Invictus! … ¡Feliz Navidad! (III) en ESTILO DE VIDA GASTRONOMÍA
Resurrección – Imagen de la web primeroscristianos.com

En cualquier caso, parece ser que los primeros cristianos no celebraban la Navidad. En el siglo II de nuestra era, los cristianos sólo conmemoraban la Pascua de Resurrección, ya que consideraban irrelevante el momento del nacimiento de Jesús y, además, desconocían absolutamente cuándo pudo haber acontecido.

La Navidad no figuraba entre las primeras fiestas de la Iglesia. Según la Enciclopedia Católica, la Navidad no está incluida en la lista de festividades cristianas de San Ireneo de Lyon (130 – 202) ni en la lista de Tertuliano (160 – 220). Se dice que son las listas más antiguas que se conocen de esta temática.

El mismo Tertuliano tuvo que afirmar que Sol no era el Dios de los cristianos. San Agustín denuncia la identificación herética entre Cristo y Sol. Orígenes (248 d.C.), teniendo en cuenta quizá la deshonrosa Natalitia imperial, afirma en la Sagrada Escritura sólo los pecadores, nunca los santos, celebraban la fecha de su nacimiento; y añade:

Sería lógico que pudiéramos participar en las fiestas públicas, si se probara que ellas no tienen nada de malo y están basadas en verdaderas observaciones del carácter de Dios… Sin embargo, de ninguna manera se puede demostrar que estas fiestas armonizan con el servicio al Señor. Más bien, se ve que han sido diseñadas por los hombres para conmemorar algún evento humano o para destacar ciertas cualidades del agua, de la tierra o de los frutos de la tierra. Por lo tanto, queda claro para los que desean ofrecer una adoración inteligente al Ser Divino, que actuarán según el razonamiento sensato y no tomarán parte en las festividades públicas.

Llama la atención el objetivo de sacralizar la fiesta, de despegarla de los ritos y calendarios agrarios… de despegarla de los sentidos. Esto es algo que pervive… cuando se critica que las personas compren y gasten y festejen…

La misma Enciclopedia Católica reconoce que la Fiesta del Natalis Invicti, (hemos hablado de esta fiesta y volveremos a ella) celebrada el 25 de diciembre, tiene bastante responsabilidad en la implantación de esta festividad cristiana. Ya hemos comentado la importancia que tuvo el culto solar en la antigüedad, cómo cobró importancia en el Imperio romano y su paralelismo con el mitraísmo. Aquí, nos limitamos a recordar lo popular que llegó a ser en tiempos de Aureliano (alrededor del 274).

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Moneda del Emperador Probo, cerca de 280, con el Sol Invictus montando una cuadriga

En ese sentido, Juliano el Apóstata, emperador romano del 361 al 363, declararía a Helios como la única divinidad, siendo las otras divinidades simples expresiones de este único dios. Durante el tiempo de este emperador la religión del Sol se convirtió en la religión oficial dentro del imperio.

Juliano era hijo de un hermanastro de Constantino el Grande (legalizador de la religión cristiana por el Edicto de Milán en 313 y el que convocó el Primer Concilio de Nicea en 325, que otorgó legitimidad al Cristianismo en el Imperio romano por primera vez, luego volveremos sobre esto).

Juliano renegó públicamente del Cristianismo, declarándose pagano y neoplatónico, motivo por el cual fue tratado de apóstata. De hecho, nada más conocer la muerte de su primo Constancio II, Juliano hizo públicas sus creencias paganas: dio solemnemente las gracias a los dioses paganos y reunió en torno suyo a los intelectuales paganos (filósofos) más famosos del mundo helenístico.

Juliano depuró a los miembros del gobierno de su primo Constancio II y llevó a cabo una activa política religiosa, tratando de reavivar la declinante religión pagana de acuerdo con sus propias ideas, buscando impedir la expansión del cristianismo, pero fracasó. Juliano, como tantos otros, tampoco olvidó la utilización política de la religión, que practicó intensamente, haciéndose descendiente del dios Sol.

En consecuencia con su ideología, uno de los primeros actos del nuevo emperador fue proclamar la libertad de cultos y de religiones, suprimiendo toda la legislación represiva que de facto había hecho del cristianismo la religión del Estado. Debemos recordar que a pesar de que Constantino había legalizado el Cristianismo, éste no fue declarado religión oficial del Estado hasta que Teodosio I lo hizo en 380 en virtud del Edicto de Tesalónica. Constantino y su inmediato sucesor habían prohibido la conservación de los templos paganos, como consecuencia algunos de estos templos fueron destruidos o convertidos en templos cristianos. Sobre este tema hay para varios libros…

Juliano intentó acabar con la cristianización y con la destrucción de los templos, al tiempo que decretó la restauración de cultos paganos y la consiguiente devolución de los bienes confiscados por Constantino y sus sucesores, ordenando además la reconstrucción de los templos paganos arruinados. Estas reconstrucciones no fueron de hecho muchas, dadas las limitaciones económicas y temporales, aunque sí tuvieron una clara intencionalidad contra el cristianismo.

Además, Juliano se propuso la tarea urgente de organizar una especie de anti-Iglesia pagana, con el objeto de atraer nuevos fieles. Buscaba “rearmar”…reorganizar… el clero pagano de forma similar a la Iglesia Católica. Así, instauró en cada provincia una especie de archisacerdotes paganos, reivindicando para sí, como cabeza de la nueva Iglesia pagana, el antiguo título de Pontifex Maximus (¿este título les suena de algo?). De la misma forma que cualquier otra religión oficial, al clero pagano le concedió también privilegios fiscales.

Parece ser que intentó fomentar en dicho clero las dos únicas virtudes que consideraba válidas de la moral cristiana: la pureza de costumbres y la caridad. Él las llamó filantropía. Parece ser que dispuso algo parecido a la excomunión para aquellos sacerdotes paganos que no cumpliesen con sus deberes. Siempre que me encuentro con este tipo de disposiciones recuerdo las palabras del Marqués de Sade: La depravación de las costumbres es necesaria al Estado… aunque esto es otra historia.

Todo esto tenía como objetivo minimizar la capacidad de los cristianos para organizarse en una resistencia contra el restablecimiento de las creencias paganas en el Imperio. Es obvio, repito, que fracasó… pero suya es la instauración del culto al Sol como Dios único. Sigamos…

A continuación pueden ver una alegoría de Cristo en forma del dios solar Helios o Sol Invicto conduciendo su carroza. Es un mosaico del siglo III d.C. de las grutas vaticanas en la Basílica de San Pedro en el techo de la tumba del Papa Julio I.

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Christus Sol Invictus

Una obra que vincula la historia del simbolismo y lenguaje solar según sean aplicados a Dios, al Mesías y a Cristo en las obras canónicas, patrísticas o devocionales cristianas o judías es Texts and Illustrated Monuments Relating to the Mysteries of Mithra (1894–1900) de Franz Cummon.  Del mismo modo, los himnos, villancicos y oficios de Navidad abundan en ejemplos de esta vinculación.

 

El Papa San León I Magno reprocha duramente los remanentes del culto solar: los cristianos, en el mismo umbral de la basílica de los Apóstoles, se voltean para adorar al sol naciente. De hecho, reprende a los cristianos (200 d.C):

La Saturnalia, el Año Nuevo, las celebraciones del invierno y la Matronalia son frecuentados por nosotros. ¡Damos y recibimos regalos! ¡Hay regalos de año nuevo! ¡Se escucha el ruido de los juegos y los banquetes! Los mismos paganos son más fieles a su secta… Porque aunque los hubieran conocido, no habrían participado en el día del Señor, ni en el Pentecostés con nosotros. Pues tendrían temor de parecer ser cristianos. ¡Sin embargo, nosotros no tememos parecernos a los paganos!

Los primeros acercamientos de los nacimientos de Cristo y del sol aparecen en los escritos de San Cipriano de Cartago (200 – 258):

¡Oh, qué maravillosamente actuó la Providencia, que en el día en el que nació el Sol. Cristo debía nacer!.

Además, en otro de sus escritos encontramos:

Al caer el sol y morir el día, se debe necesariamente orar de nuevo. En efecto, ya que Cristo es el sol verdadero, al ocaso del sol y del día de este mundo oramos y pedimos que venga de nuevo sobre nosotros la luz e invocamos la venida de Cristo, que  nos traerá la gracia de la luz eterna

La tradición según la cual el nacimiento de Jesús tuvo lugar ese día no se documenta hasta el siglo IV, ahora lo veremos con detalle. En textos anteriores se dan fechas diversas. Parece ser que la referencia más antigua al día en que Cristo nació procede de Clemente de Alejandría, un escritor cristiano que murió hacia 215. En sus Misceláneas dice que ciertos teólogos egipcios, de manera bastante curiosa, asignan no solo el año sino también el día real del nacimiento de Cristo como 25 pashons copto (20 de mayo) en el vigésimo octavo año de Augusto.

Desde 221, en la obra Chronographiai, Sexto Julio Africano popularizó el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento de Jesús.

La Crónica (Chronographiai) es la primera historia sincrónica del pueblo griego y judío, desde la fecha de la Creación (c. 5500 a. C. según sus cálculos) hasta la época de Heliogábalo (221 d. C.). Esta obra es importante al ser el primer intento cristiano de escribir una Historia universal. Además es una de las fuentes de toda la cronografía cristiana y de todos los escritos históricos bizantinos posteriores. Durante muchos siglos la Cristiandad aceptó las fechas calculadas por él. Usó como fuentes la Biblia y las historias griegas, romanas y judías.

De cualquier forma, y centrándonos en Roma, la Navidad está señalada (y vinculada sin problema con el Natalis Invicti) en el Cronógrafo del 354 o Calendario de Filócalo (manuscrito ilustrado romano del siglo IV que contiene una colección de documentos de naturaleza cronológica e histórica reunidos en el año 354). Fue decorado por el calígrafo Furio Dionisio Filócalo y de ahí su nombre. Es el calendario eclesiástico más antiguo de la iglesia de Roma llegado hasta nosotros.

El documento se remonta, no obstante, al año 336, y contiene la Depositio Martyrum romana y la Depositio Episcoporum romana, catálogo de los mártires y papas venerados en Roma a mediados del siglo IV. En la cabecera de la lista de los mártires figura una indicación: VIII Kal. lan.: Natus Christus in Betleem Iudae. Ésta es la primera noticia existente sobre la fiesta de Navidad el 25 de diciembre. Sin embargo, este calendario contiene tres importantes datos:

1º. En el calendario civil, el 25 de diciembre figura como Natalis Invicti.

2º. En el Depositio Martyrum, una lista de los primeros y universalmente venerados mártires romanos, el día 25 de diciembre dice: VIII kal. ian. natus Christus in Betleem Iudeæ como ya hemos dicho.

3º. Siempre según la Enciclopedia Católica, en la lista de cónsules hay cuatro entradas eclesiásticas anómalas: los días en que nació y murió Cristo; la llegada a Roma y martirio de San Pedro y San Pablo. Esta significativa entrada dice durante el consulado de (Augusto) César y Paulo, nació Nuestro Señor Jesucristo en la octava antes de las calendas de enero (25 de diciembre), un viernes, el día décimo cuarto de la luna. Los detalles chocan con la tradición y la posibilidad. Así,

  • La epacta (número de días en que el año solar (365 días) excede al “año” lunar común (354 días) de doce lunas), aquí es de 13 días y normalmente son 11 días;
  • El año es A.U.C. 754, una fecha sugerida por primera vez dos siglos después; el 25 de diciembre no pudo caer en viernes en ningún año entre el 751 y el 754;
  • La tradición siempre ha establecido que el nacimiento de Cristo fue un miércoles.

En el año 325 tuvo lugar el Concilio de Nicea, la primera reunión eclesiástica cristiana posterior a la gran persecución de Diocleciano. Fue convocada por el emperador Constantino para ordenar las corrientes religiosas que convulsionaban la nueva fe recién tolerada. Parece ser que fue en este Concilio donde los obispos allí congregados decidieron colocar el impreciso nacimiento de Jesús en esta fecha del 25 de Diciembre (entre otras cosas), eliminando de un plumazo al dios Mithra y a la encarnación imperial de la Luz Divina. 

Después, progresivamente, irán distanciando ambos cultos.  Así, en el siglo IV, San Juan Crisóstomo, dice:

Pero, Nuestro Señor, también, nace en el mes de diciembre… en la octava antes de las calendas de enero…, pero ellos lo llaman el “Nacimiento del Invencible”. ¿Quién hay que sea tan invencible como Nuestro Señor? O, si ellos dicen que es el día del nacimiento del Sol, Él es el Sol de Justicia.

San Juan Crisóstomo también advierte que los cristianos no deben celebrar como los paganos con fiestas y banquetes… sino con miedo y temblores. Es curioso cómo este aspecto sigue vivo hoy en día y se nos recuerda que la Navidad no es una fiesta de consumo sino de recogimiento… ¿recuerdan lo de los sentidos… lo de gastar y celebrar?

Hasta el bueno de San Paciano Mártir, obispo de Barcelona, ese mismo siglo, en su obra Cervus (toda ella dedicada al paganismo de las Fiestas de Año Nuevo),  lamentaba que los cristianos celebraran las “Kalendas Ianuarias”.

  Arnobio de Sicca en su Adversus, ese mismo siglo, incluso ridiculiza el cumpleaños de los dioses y dice que Los humanos tienen cumpleaños, y de la misma manera, los paganos creen que los poderes celestiales tienen cumpleaños. 

 

Entrado ya el siglo VI, cuando ya se había concluido el proceso de trasvase de mitos desde los dioses solares jóvenes precristianos hacia la figura de Jesucristo, se decidió fijar una fecha concreta. Dado que a Jesús se le había adjudicado toda la carga legendaria que caracterizaba a su máximo competidor de esos días, el dios Mitra, lo lógico fue hacerle nacer el mismo día en el que se celebraba el advenimiento de ese joven dios.

También se quejaba  San Isidoro de Sevilla (que para eso era santo) y condenaba estas fiestas, en el siglo VII, diciendo:

Algunos, a causa de la citada fiesta pagana, se manchan el mismo día con la observación de los augurios, hacen gritería y danza, cometiendo otra que es más torpe iniquidad, pues se unen los de uno y otro sexo formando cuadrilla, y la turba de depauperado espíritu se excita con el vino.”

Con la instauración de la Navidad, también se recuperó en Occidente la celebración de los cumpleaños, aunque las parroquias europeas no comenzaron a registrar las fechas de nacimiento de sus feligreses hasta el siglo XII. Esto también ha llegado a nuestros días, en algunos sitios sigue siendo más importante el día de la onomástica (el santo) que el día del cumpleaños. También les recuerdo cierta costumbre consistente en poner el nombre del santo de ese día a la criatura que acaba de nacer… afortunadamente ha ido muy a menos.

No digo que la Navidad sea una fiesta pagana, sino que, como en otros casos, se eligió para sustituir una fiesta que sí lo era. Para hacer más fácil que los romanos pudiesen convertirse al Cristianismo, sin abandonar sus festividades, el papa Julio I pidió en el 350 que el nacimiento de Cristo fuera celebrado en esa misma fecha. Finalmente el Papa Liberio decreta este día como el nacimiento de Jesús de Nazaret en 354.

De esta forma, entre los años 354 y 360, durante el pontificado de Liberio (352-366), se tomó por fecha inmutable la de la noche del 24 al 25 de Diciembre, fecha en la que los romanos celebraban el Natalus Solis Invicti, el “nacimiento del Sol Invencible”, un culto muy popular y extendido al que los cristianos no habían podido vencer y, claro está, la misma fecha en la que todos los pueblos contemporáneos festejaban la llegada del solsticio de invierno. La fecha del 25 de diciembre fue fijada por el orbe católico como algo inamovible, aunque no fue aceptada por la Iglesia oriental que, aún hoy día, sigue celebrando el Natalicio de Jesús el 6 de Enero.

Además, y volviendo al tema de que no debía ser una celebración alegre sino de recogimiento, en el año 425, se prohíben los juegos del circo durante el 25 de diciembre; aunque no fue hasta el Códice de Justiniano III, (529) que esta prohibición fue realmente impuesta. El Segundo Concilio de Tours, en el año 566 ó 567, proclama la santidad de los doce días desde la Navidad hasta la Epifanía, y el deber de ayunar durante el Adviento; el de Agde (506), en los cánones 63-64, ordena una comunión universal, y el de Braga (563) prohíbe el ayuno durante el Día de Navidad. Pero, las celebraciones populares navideñas aumentaron tanto, que en 1110 las llamadas Leyes del Rey Cnut en Inglaterra y parte del norte de Europa decretaron un ayuno desde Navidad hasta Epifanía.

Otro aspecto interesante es qué pasó durante la dominación islámica en España (siglos VIII al XIV). Todos sabemos que los musulmanes no celebran la Navidad. También es conocido que tanto cristianos como judíos coexistieron con musulmanes en el territorio hasta el siglo XII. El estatuto legal de la protección (dhimma) que el estado islámico garantizaba a las llamadas gentes del libro (ahl al-kitab) garantizaba a judíos y cristianos conservar sus creencias religiosas y mantener sus costumbres culturales … siempre previo pago del impuesto correspondiente. Esto lo dejaremos para la próxima entrada… o mejor… les pongo deberes… Busquen, a ver qué encuentran…

Yo, como siempre, propongo recuperar cierta parte de la tradición y vincular las fiestas al calendario agrario, aunque sólo sea un poco, para intentar rescatar esa vinculación con el mundo real (el mundo de los sentidos y de las sensaciones) que nos rodea.

Pues eso…
Io Saturnalia!
Ave, Sol Invictus!

¡Feliz Navidad!… y recuerden … como diría Chesterton… “El respeto se demuestra quitándote el sombrero… no la cabeza”

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