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El cuadro que encabeza este artículo es “El Triunfo de Baco”. Está en el Museo del Prado de Madrid.  Lo pintó Velázquez en 1629. También se conoce como “Los borrachos”.

En la obra se representa a Baco como el dios que regala a los hombres el vino. Este vino es el que los libera temporalmente de todas las preocupaciones y  problemas de la vida diaria. Parece ser que, en esa época, Baco era considerado una alegoría de la liberación del hombre frente a su esclavitud de la vida diaria.

Hoy quiero hablar de cierto debate acerca de si el vino es bueno o es malo para la salud.

En el fondo, es el mismo argumentario que gira en torno a la recomendación de comer fruta ya que es muy sana. No estoy de acuerdo con esa afirmación. Hay que tomar fruta porque está muy buena… obviamente, la que está buena.

De hecho, cada vez que me hablan de lo sano que es tomar fruta, recuerdo la anécdota de Rousseau en el jardín de Chambéry (Francia). Había un cerezo y el filósofo se subía para coger cerezas. Madame De Warens venía detrás, buscaba con la mirada, por entre las ramas, al joven Jean-Jacques y esperaba a que éste le enviara cerezas a la boca. Él tenía buena puntería y apuntaba siempre al escote, por cuyo canalillo se colaban las frutas… que luego él recuperaba. Dicen que eso animaba a Madame De Warens. Yo, la fruta me la comería así… ¡¡siempre!!… pero no nos desviemos…

Chesterton decía:

Ve a comer con un millonario que pertenezca a una liga prohibicionista y no verás nunca que haya suprimido los entremeses ni los cinco entrantes, ni siquiera el café.
Pero habrá suprimido el oporto o el jerez, porque los pobres lo beben como los ricos. Sigue observando y verás que no suprime los cubiertos de plata, pero en cambio ha suprimido la carne porque a los pobres les gusta… ¡cuando pueden hincarle el diente!
Luego verás que no ha abolido los jardines lujosos ni las mansiones suntuosas. ¿Por qué? Porque son cosas vedadas a los pobres.
Pero presumirá de levantarse temprano, porque el sueño es un bien que está al alcance de todas las fortunas.
Es prácticamente lo único que todo el mundo puede disfrutar.
Pero nadie oyó decir que un filántropo renuncie a la gasolina, a su máquina de escribir o a sus criados. ¡Ni loco! Sólo se priva de las cosas simples y universales. Renunciará a la cerveza, a la carne o al sueño… porque esos placeres le recuerdan que no es más que un hombre. 

La cuestión gastronómica dirime, pues, una cuestión social, una especie de lucha de clases epicúrea y, más allá, un insoslayable problema antropológico.

En la guerra entre los ricos y los pobres, entre la falsa y la verdadera sencillez, son los pobres los que representan la cultura humana y la civilización.

Ése es el secreto que oculta la cruzada de los ricos contra los placeres del hombre ordinario.  ¿Por qué renuncian en realidad a la cerveza, a la carne, al sueño? No sacrifican más que lo que les une a los demás hombres. Lo que les uniría a los demás hombres, lo que une en general a los hombres son los «lugares comunes»; y de entre todos los «lugares comunes» el más universal, el más accesible, el más democrático es la taberna.

No sé si el vino es bueno o malo... lo que sé es que está bueno... en GASTRONOMÍA

Volvamos al vino.  No podemos afirmar categóricamente que el vino sea bueno o malo para nuestra salud, por lo menos su consumo moderado. Lo que sí es obvio es que consumir grandes cantidades de alcohol es perjudicial.  Si alguien quiere saber más sobre el tema, pinchando aquí puede leer un magnífico trabajo (El consumo de alcohol para el corazón y las dificultades de divulgar ciencia) de Javier Sánchez Perona sobre este debate.

Del mismo modo, también debo dejar claro que consumir cualquier cantidad de alcohol y conducir es siempre una irresponsabilidad que puede traer graves consecuencias.

Pero es que no es lo mismo alcohol que vino. Y sobre todo no es lo mismo que un poco de vino comiendo.

Como también decía el gran G. K. Chesterton en un ensayo que recomiendo, El Vino Sí Es Rojo

Si es verdad, como presumo, que «alcohol» es un término árabe, resulta curioso que la palabra con la que genéricamente designamos la esencia del vino, la cerveza y otras bebidas por el estilo provenga de unas gentes que lo combaten de manera particularmente enconada.

Supongo que algún anciano jefe musulmán se sentó un día a la entrada de su tienda y, maldiciendo por entre la negra barba el símbolo cristiano del vino, y discurriendo con ceño fruncido alguna fea palabra que expresara cabalmente su odio racial y religioso, vino a escupir el terminacho «alcohol».

El que los médicos hayan de usar esta palabra a efectos de claridad científica les es de gran impedimento para juzgar la cosa con justicia. Porque la palabra encierra una de esas peticiones de principio que tanto complican esta clase de cuestiones morales.

Es un craso error suponer que un hombre que desea una bebida alcohólica desea por fuerza alcohol.

Es muy curioso, a mí me lo parece, que ésta siga siendo la trampa semántica que siguen usando los defensores de lo abstemio (recordemos que por nuestro bien): la asimilación del vino al alcohol.

Sin embargo, yo no quiero hablar de eso. Quiero hablar del placer que supone tomarse un vaso de vino comiendo… o una cerveza bien fría un día de mucho calor.  Como también dice Chesterton:

Todo aquel que camine diez millas seguidas un caluroso día de verano por un camino polvoriento, sabrá pronto por qué se inventó la cerveza.
El que la cerveza tenga cierta propiedad estimulante no es parte a que la pida sino en pequeñísima medida. No es, en fin, que desee alcohol; lo que desea es cerveza.

Y vuelvo a estar de acuerdo con él:  Cierto es, con todo, que la cuestión no puede plantearse en términos tan simples.

No cabe duda de que emborracharse es poco natural. Pero en el fondo, también el hombre es poco natural… y no se trata de emborracharse, repito… Se trata de disfrutar de un vaso de vino… o de una cerveza.

Aunque, volviendo a Chesterton, y tal como está el patio, sigue teniendo razón:

No cabe duda de que el obrero que se emborracha gasta su salud bebiendo; pero nadie sabe cuánto gasta su salud trabajando el obrero sobrio.

Nuestro autor nos advierte que:

Todo lo humano es más peligroso que nada que afecte al bruto: sexo, poesía, propiedad, religión.

Lo malo de beber no es que saque a la bestia, sino que saque al Diablo. A la bestia no la saca, y poco importa si lo hace: la bestia suele ser una criatura más bien mansa y amable, como lo son las vacas.

El ser humano es siempre algo peor o algo mejor que un animal, y el mero argumento de la perfección de este no lo afecta. En el sexo, ningún animal es caballeroso u obsceno.

Tampoco ningún animal ha inventado nada tan malo como la embriaguez… ni tan bueno como el beber.

Añade…

Bebe porque eres feliz, pero no si eres desgraciado.

No bebas nunca si te sientes mal por no beber, o serás como esos bebedores de ginebra de los tugurios, que tienen la cara gris.

En cambio, bebe si serías feliz sin beber, y serás como el risueño campesino italiano.

No bebas nunca porque lo necesitas, pues eso es beber racionalmente, y una vía segura a la muerte y el infierno.

Bebe porque no lo necesitas, pues eso es beber irracionalmente, y en ese acto se encierra la antigua salud del mundo.

Frente a esta exaltación de la alegría, no puedo evitar recordar otras palabras…

Esta noche, un minuto después de las doce, nacerá una nueva nación. El demonio de la bebida hace testamento. Se inicia una era de ideas claras y limpios modales. Los barrios bajos serán pronto cosa del pasado. Las cárceles y correccionales quedarán vacíos; los transformaremos en graneros y fábricas. Todos los hombres volverán a caminar erguidos, sonreirán todas las mujeres y reirán todos los niños. Se cerraron para siempre las puertas del infierno.

Son de poco antes de la entrada en vigor de la Ley Seca en los Estados Unidos.  Ya hablé de esto. Les dejo el enlace por si quieren recordarlo.

De nuevo, vuelvo a recordar a Chesterton y lo que pensaba de todos estos aguafiestas… les recriminaba que nunca estuviesen de humor para las pequeñas buenas cosas de la vida y que, a fuerza de no apoyar en nada su lógica o sus misterios, acabasen por predicar y promover la Nada contra los hombres.

Chesterton insistía en que cada persona debe resolver su misterio y afirmaba que los seres humanos somos libres. Lo más importante es que el hecho de ponernos límites, de auotocontrolarnos, es el mayor ejercicio de esa libertad… y de eso se trata.

No sé si el vino es bueno o malo... lo que sé es que está bueno... en GASTRONOMÍA Aquí rescataré a Charles Marguetel de Saint-Denis, señor de Saint Évremond y escritor. Se le definió como igualmente distante de la superstición que de la maldad, excéntrico… y con no menos aversión al libertinaje que inclinación hacia los placeres… y que decía seamos moderados y delicados, bebamos un poco de vino, pero que sea excelente y durante el mayor tiempo que sea posible.

Pues eso… disfruten del buen vino… de la buena cerveza… Si de algo estoy seguro es que son mucho más sanas que toda la panoplia de bebidas azucaradas y gasificadas que están a la venta… o que todos esos zumos azucarados y envasados. Además, el vino y la cerveza son más divertidos que el agua.

Y mientras decido qué vino abrir para comer, prefiero recordar a la maravillosa mujer persa escanciando vino que hay pintada en una pared dentro del Palacio Chetel Sotoun en lo que era la antigua Persia (Siglo XVII).

Y CASI LO OLVIDO… de hecho, me lo recuerda mi compañera de despacho… Todo esto de disfrutar de un vaso de vino en la comida, en el fondo, es dieta mediterránea.  ¿se acuerdan del día que hablamos de dieta mediterránea?

Dieta mediterránea NO es comer fruta mientras se sigue trabajando.

Dieta mediterránea es disfrutar, responsablemente, de los placeres de la vida, entre ellos, del vino.

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