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Ángeles Espinosa

Ángeles Espinosa, corresponsal del diario El País en Oriente Medio desde hace más de tres décadas, ofrecerá una conferencia el próximo lunes 26 de febrero, a las 19.30 h. en Casa Mediterráneo, la segunda del ciclo “Periodistas y Mediterráneo”, organizada por la institución diplomática con la colaboración de la Asociación de la Prensa de Alicante. Espinosa compartirá sus experiencias como testigo de excepción de los principales hechos históricos acontecidos en la zona, mediante el formato de charla con la periodista Sonia Marco. Tras el encuentro, los asistentes tendrán la ocasión de intercambiar impresiones con la periodista mientras degustan un vino de Alicante.

Desde 1984 Ángeles Espinosa ha vivido en primera persona el devenir social y político de los países de Oriente Medio, desde Teherán, Bagdag, El Cairo y Beirut hasta Dubái, donde actualmente tiene su centro de operaciones. La corresponsal ha cubierto los principales conflictos de la región, la guerra del Líbano, las del Golfo, la caída de Sadam Hussein en Irak, la guerra de Siria, las Primaveras Árabes… a través de sus crónicas y entrevistas a los principales líderes políticos.

Además, sus libros tratan de reflejar la realidad social de Oriente Medio, con especial atención a la situación de las mujeres, patente en los títulos “El reino del desierto. Arabia Saudí frente a sus contradicciones” (Aguilar, 2006), “Días de guerra. Diario de Bagdad” (Siglo XXI, 2003) o el recientemente publicado “El tiempo de las mujeres. Crónicas asiáticas” (La línea del horizonte, 2018). Su labor ha sido reconocida con prestigiosos premios periodísticos: Ortega y Gasset 2002 y 2003, Club Internacional de Prensa 2003, el Víctor de la Serna 2011 y la encomienda de la Orden del Mérito Civil.

¿Cómo lleva el hecho de ser mujer en el mundo árabe y además tratar temas relacionados con la democracia y los derechos humanos que pueden resultar molestos para ciertos gobiernos?

El problema es sobre todo los temas, no tanto el hecho de ser o no ser mujer. Es una pregunta que me han hecho muchas veces a lo largo de mi carrera y recuerdo que al principio me molestaba un poco porque pensaba “si fuera un hombre no me preguntarían esto”. Pero luego he entendido que es una pregunta importante porque me toca trabajar en países donde la situación de la mujer deja mucho que desear, desde el punto de vista legal, de los derechos, del trato social…

Pero hay que distinguir una cosa: la situación de las mujeres locales -podemos pensar en países como Afganistán, Arabia Saudí, Irán,…- donde se producen esas restricciones que todos conocemos; y el hecho, como periodista extranjera, de acudir a esos países. Puede haber algún gesto extraño por parte de personas individuales, a las que les parezca raro que hagas este trabajo, que te muevas sola por el país. Lo grave es que las mujeres que viven allí carecen del derecho al divorcio, del derecho a la custodia de los hijos o la tienen muy limitada, en las herencias están discriminadas, en los juicios sus testimonios valen menos… Pero esto como extranjera yo no lo sufro. Eso hay que tenerlo muy en cuenta y no hacernos nosotras protagonistas.

Somos unas privilegiadas porque estamos allí de visita. Ahora, eso sí, tratar los temas de derechos humanos y poner de relieve esas discriminaciones claramente a estos gobiernos les molesta. ¿Y en qué se traduce? Te echan una represalia en el Ministerio de Información, cuando vuelves a España un embajador te reprocha que no le ha gustado cierto artículo aunque no te llega a aclarar por qué. En última instancia, cuando se cansan de ti te ponen más pegas para darte visados o te echan del país, como fue mi caso en Irán en 2011.

Ángeles Espinosa: "La peor situación para la mujer es aquélla en la que no hay paz" en CONFERENCIAS

Su expulsión de Irán fue a raíz de la entrevista que le hizo en 2010 a Ahmad Montazerí, crítico con las políticas de la República Islámica. ¿Cuál fue la razón esgrimida por el régimen iraní?

Fue un tema curioso. Realmente aquí la figura clave era el padre, el ayatolá Hossein Alí Montazeri, que murió a finales de 2009 justo tras las protestas democráticas que hubo ese año en Irán. Al verano siguiente conseguí una entrevista con su hijo, que estaba muy molesto con cómo las autoridades estaban tratando el legado de su padre, que había sido nada menos que el delfín de Jomeini, apartado por ser crítico precisamente con las violaciones de los derechos humanos de la población y algunos asesinatos de carácter político que se habían producido en el país.

Las cámaras que vigilaban la casa del hijo captaron mi presencia, acompañada por un traductor y una fotógrafa iraníes. Las autoridades nunca dijeron que la detención se produjo porque habíamos hecho aquella entrevista, lo que oficialmente les molestó fue que yo había ido a Qom, que es el “Vaticano” de Irán, por explicarlo de alguna manera, el lugar donde están los seminarios religiosos, sin permiso. La población está a 125 kilómetros de Teherán y los periodistas allí acreditados necesitamos permiso para salir de la ciudad. Esto era francamente una simple justificación, una excusa. Si yo hubiera pedido permiso nunca habría podido hacer esa entrevista.

En otras ocasiones también había salido de la ciudad sin decir nada y habían hecho la vista gorda. Luego, hubo un proceso curioso, porque se produjeron tales protestas ante mi cancelación de la residencia que me dieron un visado, volví, y cuando todo el mundo se había olvidado de mi caso y me tocaba renovarlo me dieron tres días para que me fuera. Me dijeron que no me expulsaban, sino que no me renovaban. Vamos a ver, uno se da cuenta que da igual lo que ellos digan, cuál es el motivo por el que te expulsan, ya estaban cansados. Incluso antes de que pasara esto, había recibido varias llamadas a la oficina de medios de prensa extranjera para quejarse de cómo cubría la condena a lapidación de la señora Ashtianí. En el fondo, como decías muy bien al principio, es una cuestión de derechos humanos.

Según su opinión de los países del mundo árabe que conoce, ¿donde es peor actualmente la situación de la mujer y donde se vislumbran los mayores avances?

No sirve de nada que tengamos unas leyes estupendas y maravillosas si el país está en guerra
La zona del mundo que cubro tiene parte de mundo árabe y otra que no lo es. A partir del Golfo Pérsico -Irán, Afganistán, Pakistán…- ya no es mundo árabe. Creo que la situación peor para todos, y especialmente para la mujer, es aquélla en la que no hay paz. No sirve de nada que tengamos unas leyes estupendas y maravillosas si el país está en guerra. Estoy pensando en Siria, en Yemen, probablemente el caso de Libia podemos unirlo, en Irak, que tenía una legislación relativamente avanzada para la zona y cuando se produjo la invasión estadounidense en 2003 el deterioro de la situación de la mujer fue terrible. Más allá de derechos, lo peor es la situación de guerra, la inseguridad total. Primero, porque muchísimas mujeres, como el resto de la población, pierden sus hogares, lo que las hace mucho más vulnerables a las violaciones, los abusos,  en los campos de refugiados, en los caminos cuando huyen…

Por otro lado, a pesar de la imagen que a veces tenemos, muy errónea, de mujeres débiles, ellas son el sustento de sus hogares, el pilar en el que se apoyan las familias. De repente, la desprotección en que quedan los niños… todo eso cae sobre sus hombros.

En cuanto a dónde hay más esperanza y más perspectivas de mejora, a pesar de que nosotros veamos esa zona del mundo como un bloque, al que se llama Oriente Próximo en un sentido amplio, hay muchas diferencias de un país a otro. Aunque las legislaciones puedan tener puntos en común y las discriminaciones sean parecidas, la evolución social es distinta. En ese sentido, la situación de la mujer iraní está a años luz de la situación de la mujer afgana, y probablemente hay leyes en Afganistán que después de la intervención estadounidense son muy modernas, como el hecho de que el 25% del Parlamento afgano esté cubierto por mujeres, algo que probablemente no se da en todos los parlamentos occidentales. Sin embargo, la sociedad no está tan avanzada.

En el caso iraní, las leyes son discriminatorias pero es una sociedad que ha desarrollado mucho los movimientos civiles y feministas, y las mujeres son mucho más activas. Uno va por la calle en Teherán o en cualquiera de las ciudades de Irán y hay mujeres en la administración pública, en las empresas, en la universidad,…

En cuanto a las expectativas, ahora hay un país que, a pesar de haber estado en un gran agujero negro en cuanto a los derechos de las mujeres, está viviendo un gran proceso de cambio: Arabia Saudí. A partir de marzo se les ha prometido a las mujeres que van a poder conducir… En ese sentido, como esperanza que tenga la propia población, quizá podemos destacar Arabia Saudí. Como avances ya realizados, Irán.

¿Qué es lo más duro a la hora de cubrir un conflicto armado?

Ponerte en la piel de la gente que está sufriéndolo. En la mayoría de los países que he tenido que cubrir no sólo iba como periodista, sino que también tenía algunos amigos de viajes anteriores y ver a esas familias que has conocido en condiciones más favorables, porque aunque estuvieran viviendo bajo una dictadura tenían un mínimo de seguridad, ver cómo pierden sus casas, a familiares o a vecinos porque han muerto en un bombardeo, cómo pierden los trabajos, te hace ponerte en su piel. Evidentemente, no puedes alcanzar a comprender el sufrimiento que ellos viven quizá ni de lejos. Cuando me siento a escribir después de haber pasado la jornada reporteando por la calle, eso me pesa mucho, porque pienso que yo podría ser uno de ellos.

Ha recibido importantes premios por su profesión, ¿qué significan para usted estos reconocimientos?

¡Ay, eso es un chute para el ego! Me hace mucha ilusión, sería falsa modestia si dijera “no me los merezco”. Me hace mucha ilusión cuando me premian, porque le hace ilusión a mi entorno familiar, a mis amigos, normalmente te dan una fiesta que te hace coincidir con colegas… Está muy bien, pero no hay que dejar de tener los pies en el suelo. Son cosas ocasionales, la coincidencia de haber cubierto un conflicto que ha sido muy mediático y vistoso, tener la suerte de publicar en un medio que tiene mucho alcance,… No quiere decir que otros colegas que estén haciendo algo parecido no se lo merezcan igual que tú.

Creo que debe servir para animarnos, para ver que la gente aprecia y valora nuestro trabajo, lo que en la situación actual de crisis en los medios de comunicación -estoy hablando de la prensa escrita- viene muy bien. Uno a veces se plantea: ¿Para qué sirve este trabajo? ¿Realmente es útil? En ese sentido, me alegro, pero espero no cambiar por tener un premio.

Ha escrito varios libros de carácter social, ¿tiene en proyecto alguno nuevo?

Ángeles Espinosa: "La peor situación para la mujer es aquélla en la que no hay paz" en CONFERENCIAS En la cabeza tengo siempre muchos proyectos, y muchas veces, compañeros, amigos, editores e incluso la propia familia me dicen: “esto que nos cuentas deberías escribirlo en un libro”. Pero escribir un libro da muchísimo trabajo. La última experiencia partiendo casi de cero, que fue el de Arabia Saudí, supuso que durante un año no tuve un solo fin de semana libre, no tuve vacaciones, fue duro en términos de mi familia, que ya de por sí me ve poco por este trabajo que he elegido. El libro que estamos publicando ahora, ‘El tiempo de las mujeres’, lleva mucho esfuerzo detrás, pero sobre todo por parte de la editora, al tratarse de una recopilación de crónicas.

Además, ahora mismo el periodismo, debido a la presión que mete Internet y teniendo en cuenta que cubro un montón de países, desde Pakistán a Arabia Saudí y de Irak a Yemen, no me proporciona tiempo para ponerme seriamente a escribir. ¿Lo haré en algún momento? No cierro esa puerta. Quizá cuando deje de ser corresponsal y tenga un trabajo más de oficina o tenga que jubilarme será una forma de mantenerme en contacto con la profesión.

Estoy leyendo un libro de una colega alemana, que ha trabajado en la zona para The New York Times, titulado “Me dijeron que fuera sola”, refiriéndose a una cita con islamistas. Y muchas de las cosas que ella cuenta, las he vivido. Leyéndolo he pensado: podría escribir algo parecido, así que igual me animo.

Ciclo “Periodistas y el Mediterráneo”:
Encuentro con la corresponsal de El País para Oriente Medio, Ángeles Espinosa.
Modera: Sonia Marco.
Lunes, 26 de febrero, a las 19:30 h.
Cada Mediterráneo, Plaza del Arquitecto Miguel López.
Entrada libre. Tras la charla, se servirá un vino de Alicante.

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