Compartir
Pepe Estruch

Paco Alberola.- José Estruch nació en Alicante en 1916. Maestro de las artes escénicas, en 1990 se le otorgó el Premio Nacional de Teatro por su labor pedagógica, por su dedicación y compromiso teatral durante más de cincuenta años de profesión.

Compartió proyectos escénicos con Margarita Xirgu, Lorca, José Bergamín y otros creadores de la escena española. Se sintió republicano, fue exilado de la Guerra civil y persona consciente y comprometida con el tiempo en que vivió. Su legado escrito y sus acciones teatrales nos acercan a una época fascinante, significativa de la historia de nuestro teatro en el siglo XX.

Al maestro se le recuerda como una persona profundamente apasionada por el teatro. Su relación con las artes escénicas le hacen merecedor del título de “maese” y del término “hombre de teatro”. Debemos decir que fue pedagogo, autor, traductor, director de escena, organizador y, más alejado en el tiempo, productor e incluso, esporádicamente, actor. Y defensor a ultranza del arte dramático: un “Quijote” a caballo entre un aula en donde enseñar, un escenario en el que mostrar y una mesa camilla desde la que aventar a los cuatro puntos cardinales su poderosa energía y pasión por “las tablas”, consciente de la Historia, como hombre del siglo XX, sin más armas que sus infatigables manos y su entusiasmada palabra.

Estruch tenía una vena alegre exquisita, elegante y amable, con un punto surrealista; y también un aire trágico, en ocasiones, sobrecogedor. Podía deleitar y recrear tanto las más ocurrentes y graciosas escenas como las más dramáticas, infaustas o adversas situaciones. Era sutil, imaginativo. Le apasionaba lo popular (Lope de Vega, García Lorca), las estructuras corales, los relatos de antaño (Valle, Enzina, Machado), fabulaciones, etc.

Como director de teatro son alrededor de noventa los montajes que realizó el maestro. Su mayor actividad acontece en el periodo correspondiente a su estancia en Uruguay, desde 1949 hasta 1968, con más de sesenta estrenos; en Inglaterra, desde 1941 hasta 1948, son unos veinte estrenos, mientras que desde que regresa a España, en 1967, su época más extensa, tan sólo realizará siete: entre ellos Medora, en 1978, primer montaje institucional y El Rey Juan, en 1986, en la RESAD de Madrid, o El Caballero de Olmedo en 1987, su último montaje hecho para la Comedia Nacional de Uruguay, que tuve la gracia de disfrutar con él en Almagro en ese año.

Pepe Estruch, Maestro de teatro en ESCENA
Uno de los homenajes dedicados al dramaturgo Pepe Estruch

De su legado como autor y de su obra escrita se han recuperado poemas, cuentos, textos teatrales y conferencias como “Prólogo a los Pasos de Lope de Rueda”, “Shakespeare y su teatro”, “García Lorca”…

“… el teatro es el arte antes de todas las artes, -dice uno de los personajes-, el núcleo primitivo de donde ellas emergen divergiendo”.

“El teatro es un intercambio entre un pueblo y su autor (…) Hay que hacer que el teatro baje de las tablas y vuelva al pueblo”, y, -decía-, para ello, la vuelta a los clásicos (…) mensaje de la expresión popular que nos formó como raza y nos dio el habla y el pensamiento”.

Decía otro de sus personajes:

“El mundo es teatro, la vida es teatro y el teatro es un teatro dentro del teatro, que por ser una mentira de verdad es más verdadero que una verdad de mentira, ya que es más sincero simular lo que no se siente, que sentir lo que se simula”.

Dominaba certeramente la jerga del Siglo de Oro, y era muy capaz de entender el lenguaje expresivo oral (el verso) o corporal de sus personajes: conocedor de nuestro teatro áureo apostó por la comedia áurea también. Recordemos que fue con Medora de Lope de Rueda, con la que se inauguró el actual Festival de Teatro Clásico de Almagro, en 1978, montaje del que servidor formaba parte.

Como traductor teatral, matizar que el maestro nos ha dejado dos composiciones, una de Shakespeare, Rey Juan, y otra de Samuel Beckett, Yo No. Estruch se expresaba en inglés perfectamente; aun así, su opinión respecto a las traducciones era ciertamente estricta. Decía:

“Una traducción es siempre una caricatura pobre del trabajo original… es como el revés de un paño bordado. La seda brillante está ahí pero el diseño está borroso, los colores mezclados… Shakespeare es totalmente intraducible…”. Afortunadamente tenemos El Rey Juan con que nos legó un buen ejemplo de correcta traducción.

Estruch vivió en Uruguay muchos años; allí creó fuertes lazos vitales y profesionales, y cuando regresa a España sufre, podemos decir, un nuevo exilio, pues si el primero, el salir de España, fue forzoso y doloroso, el segundo, su regreso desde Uruguay hacia la España de su infancia y juventud no es menos inquietante emocional y profesionalmente; ambos dos exilios, creemos, contenían una pequeña herida o lesión complicada de sanar; dirá:

“Yo no fui español en España; lo fui, tuve conciencia de serlo, fuera de España”.

Hay varios elementos que favorecen la recuperación y su excelente integración en nuestra patria que le hacen buscar sus raíces y profundizar en su ser español: su dedicación a la docencia teatral y su compromiso con la R.E.S.A.D. de Madrid y el impulso que le imprime, regalando un nuevo modo de hacer teatro -innovador en la puesta en escena y en los métodos de trabajo del actor-. También, sin lugar a dudas, la estrecha relación que mantuvo con el Misteri d’Elx, del que fue incansable emisario y entusiasta admirador.

Hace años, al poco de su muerte, me puse a la emocionante tarea de recuperar su memoria. Y descubrí manuscritos, textos, poemas…. Algunos de esos documentos hoy se mencionan aquí.

Falleció en 1990, meses después de haberle sido concedido el referido galardón nacional de teatro. Fue incinerado y sus cenizas, como él quería, las esparcimos en el Mare Nostrum, frente a la Albufereta.

Recuerdo que el cielo cerrado de tormenta que nos cubría se abrió, mojándonos su sol, “como si este teatro del mundo” quisiera rendirle tributo teatral con un efecto lumínico: en la imaginaria mesa de luces “alguien” (¿qué fantasma de qué teatro?) barría la costa “poniendo todos los proyectores al máximo”, limpiando la obscuridad opresiva de los nubarrones que, como en el escenario, ninguno de los acompañantes supimos a dónde fueron.

Con el silencio y la calma del agua hizo mutis nuestro querido maestro, disolviéndose hacia el lecho arenoso. No hubo aplausos, sólo el rumor de la barca que nos regresaba a la orilla, el silencio del nudo en la garganta, la función acabada, el escenario vacío…; y en la playa, nuestras huellas alejándose en la arena hacia el asfalto y tierra firme…

Hace ahora más de veinte y cinco años que nuestra costa, su agua tibia, dio lecho y nicho simple al que simplemente con el teatro vivió.

En el espectáculo ‘La mirada teatral de Estruch’, recital concierto realizado por el que suscribe, en octubre de 2017, se mostró, frente a público, un fragmento de su legado, vida y obra, que, siendo parte importante en la promoción del maestro, es acción adjunta a otros eventos como son la doble exposición del Instituto Cultura Juan Gil-Albert y la Gala Premios José Estruch de Teatro que en otoño realiza el Teatro Principal de Alicante.

Su recuerdo -él fue mi maestro-, ciertamente, ha quedado entre nosotros.

Su presencia -¿como fantasma del teatro?-, quizás anide en algún teatro de este gran teatro del mundo.

Paco Alberola. Profesor ESAD de Murcia y director de La Daga Boba Teatro.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here