Compartir
Jhon Strasberg Fotografía de Manuel Velandia

C

John Strasberg: 'Conocerse a sí mismo, saber leerse'  en ESCENA uando se ha tenido la oportunidad de mamar directamente de la fuente, como ha sido el caso de John Strasberg, hijo del reconocido Lee Strasberg (quien tomara el mando del Actors Studio en Nueva York en 1952), quedan dos caminos, se sigue a la letra al padre o la persona se vuelve la oveja negra de la familia. Este segundo fue el camino que tomó John quien terminó creando un método propio, conocido como Método Strasberg, también denominado Proceso Creativo Orgánico. En 1996 fundó en NY los estudios que llevan su nombre. Ha trabajado desde 1983 en España pero su visa se desenvuelve en un movimiento continuo entre NY, París, Milán, Montreal y Madrid. En su trayectoria ha trabajado entre muchos otros con Marilyn Monroe, Paul Newman, Joanne Woodward, Al Pacino, Dustin Hoffman, Robert DeNiro, Harvey Keitel y Elia Kazan.

¿Cómo es el proceso de aprendizaje para la formación actoral que usted plantea?

Es necesario formarse en un espíritu de trabajo, salir de la escuela realista y tener una nueva forma de trabajar, que no es necesariamente la más institucionalizada. Se necesita que los nuevos actores tengan mucho coraje porque no es una cosa sencilla de hacer, porque lo que yo propongo son formas de trabajo distintas. Es necesario trabajar de una manera muy personal. Un actor debe pensar lo que suele ser y hacer; no tiene que hacer lo que las escuelas tradicionalmente le han dicho que debe hacer, que es fijarse en los famosos, en los importantes, en los que han tenido éxito; hay que aprender de los fracasos, de los errores.

Yo entendí que trabajar de una manera muy personal era también una técnica que se podía compartir. Esto que yo planteo, cuando se asume, ha revolucionado la forma como un actor piensa y logra ser, lo que sueña ser.

John Strasberg: 'Conocerse a sí mismo, saber leerse'  en ESCENA ¿Cómo es el proceso creativo orgánico?

Todo el mundo pone un nombre a lo que hace. Inicialmente, siendo yo muy joven, cuando yo hacía lo que me decían que tenía que hacer, realmente estaba haciendo algo distinto, que cambiaba mi propia manera de encontrar el personaje. Mi padre trabajaba de una manera muy ordenada, era muy potente, pero mi problema personal era que cuando yo enseñaba no decía lo que yo realmente hacía a partir de mi propia experiencia, lo que pasaba por mi propia imaginación y mi capacidad para involucrar mi mundo en mi personaje.

En ese entonces, yo no estaba manipulándome a mí mismo, no estaba planeando lo que iba a sentir en el próximo paso; yo estaba viviendo un aquí, ahora, y cuando eso pasaba, a mis 19 años, pensé que todo lo que yo hacía venía de eso, de sentir, y que una cosa fundamental de mi trabajo, en contra de lo que aportan la mayoría de las escuelas que es la filosofía de que el hombre es una máquina que se puede programar en el cerebro y con una serie de hechos el actor va a sacar lo que parece, pero en el fondo no es así. Yo pensaba y sigo pensando que en el fondo no somos máquinas, en primer lugar, y que en realidad el proceso creativo se nota por los momentos de inspiración. Por ejemplo Einstein, decía que él había conseguido lo que logró porque pensaba como un niño ¡los adultos no conciben los ascensores volando! No pensamos como él, vemos el mundo plano… pero muchas veces si el actor programa que tiene que pensar como un actor o trabajar a distancia de sí mismo, no va a llegar porque “está comiendo muy poco”.

Lo que ha cambiado conmigo es que el centro no está en el discurso lógico en el cerebro sino en el sentido, no en las emociones. La escuela realista concibe que un buen actor es quien es capaz de sacar emociones, pero para mí un buen actor lo es por su capacidad de decir la verdad de sí, que es algo muy personal e íntimo porque puede hacer lo que otro no puede hacer. En el teatro hay la idea de que debe haber una voz perfecta, debe haber una interpretación perfecta, pero esto es muy equivocado, porque la propia naturaleza puede ayudar a encontrar lo que se quiere.

John Strasberg: 'Conocerse a sí mismo, saber leerse'  en ESCENA ¿Es su propuesta una ruptura con los métodos tradicionales?

Yo creo que yo he vuelto a las raíces, porque todos los grandes antes que yo estaban mirando lo que hacían los grandes orgánicamente, porque los grandes no fueron a la escuela. Todo lo que hacía Stanislavski, creador del método realista, se basaba en la observación de cómo un grande trabaja, pero el mismo Stanislavski sabía que él no lo hacía. A mí me parece un poco triste que se dice qué es la técnica, pero si hablamos de educar no estamos hablando de meter ideas sino de sacar fuera lo que hay dentro. El cerebro tiene que desarrollar la parte intuitiva, y la parte del niño, porque los niños saben cómo actuar, pueden vivir en otros mundos muy fácilmente, hasta que alguien les dice que deben crecer.

Yo, por ejemplo, trato de establecer el trabajo al revés, y eso no es nuevo, porque debajo de todos los métodos está este trabajo. La técnica que enseño tiene que ver con la imaginación y de enfocarla en el mundo del personaje o en el mundo del texto. Yo creo que la mayoría de actores va a tener mucho poder si logra, primero, conocerse a sí mismo y saber utilizar ese conocerse ¡utilizarse! Y, segundo, lograr el análisis del texto orgánico, es decir el trabajo de leer, entender, comprender, crear, actualizar el personaje y el mundo imaginario del texto; por tanto es un trabajo muy personal, en el que hay que enraizarse en el sentimiento y la intuición.

¿Se puede ser buen actor sin la capacidad de encontrarse a sí mismo?

Si uno quiere ser actor, que es algo muy personal, y no quiere encontrarse a sí mismo es mejor que elija otra profesión. No existe aparte del teatro la idea de una interpretación perfecta, todos parecen adorar esta idea pero es sencillamente una tontería. Uno va al museo y ve que cada obra es distinta y lo que importa es que cada pintor tiene su mundo e interpreta lo que ve en la vida a su manera, hay interpretaciones mejores que otras pero lo bueno es lo personal. Las escuelas tradicionalmente lo que enseñan es un código de teatro pero esto es bastante mediocre.

Usted nos dice que el trabajo actoral tiene que ver más con las sensaciones, más con los sentidos que con las emociones, ¿son las emociones el centro de los demás enfoques?

Yo no enseño emociones, me parece tontería. Todos los seres humanos tienen emociones, las conocen, pero uno tiene que aprender a conocerse a sí mismo y saber cómo acceder a lo que tiene. Unos pueden tener más que otros, pero la medida no es la unidad de emoción, pero si uno quiere una carrera como actor, ésta no va a pasar por la emoción.

Si el actor tiene que ser un niño como decía Einstein, ¿el que deja de ser niño ya no puede ser actor?

El que se hace adulto se pierde un poco el placer de vivir. En el fondo uno no sabe lo que quería si no tiene placer haciéndolo, estoy hablando del sentido profundo de la palabra: uno sufre como músico, como actor… si uno quiere hacerlo bien tiene que trabajar duro, pero en el fondo, en el proceso de lograrlo, hay un placer inolvidable, un placer absoluto. El placer no está en la programación mecánica, en la mente, de la vida, de la actuación.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here