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Aquí os presento una lista totalmente subjetiva de 15 títulos. Muchos de ellos, seguramente, los encontrarás en otras recopilaciones cinematográficas del año. Me temo que no he sido muy original pero, como compensación, en mi web luislobelda.com podrás encontrar, en breve,  un listado complementario con las curiosidades y rarezas del año. Cintas que, por su peculiaridad, me llamaron también poderosamente la atención.

Éstas son mis pelis de 2018, un año repleto de cambios y nuevas oportunidades donde he tenido la suerte de empezar varias hojas en blanco y descubrir que casi todas mis mochilas eran prescindibles. Más aún. De hecho, ha resultado casi gratificante dejarlas atrás, en el camino. Sin embargo, hay otra a la que echaré de menos para siempre, sabiendo que se merecía todo lo contrario del trato que le dí.  

*El hilo invisible

Nada que ver con el audiovisual como valium. Las películas de Paul Thomas Anderson no buscan la satisfacción inmediata del espectador o el reconocimiento gratificante con nuestra cara más bonita… o fea pero entrañable. Muchas de sus películas nos muestran nuestro rostro más horrible como seres humanos sin caer en la pose de lo miserable o feista. Sus films son bellísimos estéticamente y a su manera, Anderson siente por sus criaturas, compasión infinita, comprensión incondicional y sublime perspicacia.

*Tres anuncios en las afueras

La América airada. Capta a la perfección el estado de ánimo actual en Estados Unidos: una atmósfera enrarecida, de enfrentamiento y donde una parte de la población se está quitando la careta de lo “políticamente correcto” y empezando a decir, para bien o para mal, lo que realmente piensa.

*The Florida Project

Sobre esos “maleducados” que nos molestan. Una cinta tan inteligente como emotiva que tiene la valentía de situar el foco del protagonismo sobre unos desheredados que no suelen asomar ni la nariz por el Hollywood actual y, además, sin glamourizarlos, justificarlos o compadecerse de ellos.

*Tully  

Magnífica Theron, brillante fábula sobre la maternidad. Otra feliz colaboración entre la guionista Diablo Cody, la actriz Charlize Theron y el director Jason Reitman tras la superior Young Adult. En ambas se ilustran las contradicciones y los retos de las mujeres en el nuevo milenio y, en este caso concreto, nos regalan una lúcida fábula sobre la maternidad continuada y cómo salvarse a uno mismo gracias a recordar nuestro yo del pasado, tantas veces olvidado en la vorágine diaria.

*Cold War  

La elipsis como forma de vida. Inferior, en mi opinión, a “Ida” del propio Pawel Pawlikowski pero, aún así, una de las mejores películas del año. La primera mitad (centrada en el reclutamiento de los miembros de los futuros coros y danzas polacos) es de una belleza insuperable. El acabado estético final ayuda infinitamente a empatizar con dos protagonistas nada fáciles que algo tienen que ver con los de la otra historia de amor fou del año: El hilo invisible.

*Un lugar tranquilo

Loable propuesta de género. Una propuesta curiosa, arriesgada e inquietante, pero no redonda, en la que el actor pasado a director nos presenta, en su tercer trabajo tras la cámara, un tour de forcé de puesta en escena y utilización del sonido de los más interesantes que nos ha ofrecido Hollywood en los últimos años.

*Quién te cantará

Melodrama sin miedo ni red de seguridad. Vermut me atrapó desde el primer momento con su propuesta y no me soltó hasta el final de la proyección. Una propuesta visual encomiable, magníficas interpretaciones, desdén por tramas tópicas que se sugieren pero se abandonan ipso facto como declaración de intenciones, decisiones emponderadas de las protagonistas femeninas que suenan a pegote a la mode y, sobre todo, una magnífica reflexión sobre la identidad centrada en un juego de espejos que deja espacio para vislumbrar el alma de los personajes y reflexionar sobre lo que puede ocurrir cuando nuestros sueños se hacen realidad, especialmente cuando confundimos nuestros deseos con los de los demás.

*Ha nacido una estrella  

Salto al vacío sin heridos de consideración. Una primera hora de gran ritmo y pulso narrativo, un concepto de producción orgánico que tiene más que ver con el cine comercial de los 80-90 que con el actual, un acertado uso de los planos generales que aportan “aire” a la narración, unos personajes (también los secundarios) bien perfilados y gotas de autenticidad y emoción como los de la escena en el parking del hipermercado.

*Roma

Un prodigio de Cuarón. Aunque mi juicio es parcial, pues no he podido disfrutarla en pantalla grande, estamos ante uno de los grandes films del año. El uso de la profundidad y del fuera de campo, del sonido con valor dramático y una puesta escena prodigiosa no tendrían tanto valor si no fuera porque el mejicano pone todo ello al servicio de un canto a las mujeres y a los pobres, sin tremendismos pero con mano firme.

*Viaje al cuarto de una madre  

Cotidianidad auténtica. El guión de la propia directora, Celi Rico, está compuesto por pequeños detalles de la vida diaria en la que muchos podremos identificar a familiares y amigos. Sin embargo, el film no se queda en una mera búsqueda de la identificación por parte del espectador respecto a lo que se muestra. Cocinando las relaciones humanas a fuego lento, va calando gota a gota en nuestro interior hasta revelarse como un film modesto pero perspicaz y emotivo, en el que somos espectadores privilegiados de la evolución de dos mujeres en proceso de cambio.

*Suspiria

La puesta en escena como rasgo indiscutible de autoría. Titánico esfuerzo de puesta en escena del director italiano, Luca Guadagnino. En un contexto de analfabetismo fílmico -o directamente pereza- aplaudido por muchos al que sólo parece interesarle la trama y los efectos especiales, el autor de la nueva Suspiria compone con gusto y riesgo cada plano, cada escena consiguiendo un film que más que verse, se siente, convirtiéndose en una experiencia más visceral que intelectual. Baste como ejemplo, la secuencia del doble baile, que ya debería estar en los anales del cine del siglo XXI.

*Bohemian Rapsody

La perfecta cinta comercial. La celebración de la música de un grupo mítico y de todo el fenómeno social que generó alrededor. Una gran fiesta trufada por grandes canciones y notables interpretaciones.

*Infiltrado en el KKKlan

El placer de los excesos de Spike Lee. A pesar de los desvaríos panfletarios inherentes al cine de Spike Lee, un viaje cinematográfico fascinante por momentos y, siempre, interesante a una historia real de la que el director extrae jugosas reflexiones sobre su país, tanto en la época recreada como en la actualidad.

*El reino

Una yinkana en la que compite la gente horrible que nos rodea. Aunque inferior a Que Dios nos perdone, el film anterior de Sorogoyen, estamos ante una notable cinta española que nos mete de lleno en la espídica trayectoria de un corrupto atrapado. Cinta irregular pero con momentos muy potentes.

*Yo, Tonya

Cine de perdedores con escasa capacidad de síntesis. Lo más cercano al realismo sucio que puede entregar el Hollywood actual. Aunque es cierto que muchos biopics pecan de ello, gloriosas excepciones, como ésta, han demostrado que se puede contar una historia real sin tener que narrar cada una de las peripecias ocurridas, pudiéndose concentrar varios hechos y personajes en uno.

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