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La foto que encabeza este artículo es de Casablanca.  Es una de mis películas favoritas, cualquiera que me conozca un poco lo sabe. Yo siempre he querido ser el capitán Louis Renault, aunque eso es otra historia.

En la escena, que uso en clase para explicar cómo convertir un producto agroalimentario (el Champagne) en un sentimiento, podemos ver a los protagonistas bebiendo este fantástico vino para olvidar que el mundo, tal y como lo conocen, se hunde a sus pies.

Están enamorados, ella acaba de enterarse de que su marido está vivo. Los nazis están entrando en París, a él lo van a detener… y ¿qué hace Rick? Abrir una botella de Champagne y, entre los tres, Rick, Ilsa y Sam, se beben las tres últimas botellas de Mumm Cordon Rouge, ya que el Champagne es la alegría de vivir y la alegría de estar vivo y, por eso, como diría Paul Claudel… Señores, en el breve instante que va de la crisis a la catástrofe, ¡sólo podemos beber una copa de Champagne!

De hecho, como todo el mundo está esperando, atascado, en Casablanca, ¿Qué más hay que hacer? Beber más Champagne.  Casablanca se remoja en Champagne. El Champagne aparece casi en más escenas que el protagonista de la película.

Al principio, nos encontramos a Rick, jugando al ajedrez contra sí mismo en su salón, bebiendo Champagne y jugando al ajedrez.

In vino... ¡¡cine!! en CINE GASTRONOMÍA

Hasta Ugarte está bebiendo Champagne cuando van a detenerle.

In vino... ¡¡cine!! en CINE GASTRONOMÍA
“Camarero, una botella de Veuve Clicquot 1926, un muy buen vino,” ordena el capitán Renault para sus invitados nazis.

In vino... ¡¡cine!! en CINE GASTRONOMÍA

Más tarde, Laszlo and Ilsa entran y piden dos copas de Cointreau. El capitán Renault, al unirse a ellos más tarde, vuelve a pedir una botella de  Champagne.

Hay más, descúbranlas ustedes.

Les cuento todo esto ya que el pasado 10 de julio tuve el placer de participar en las Actividades Paralelas de la 29ª Edición del Festival de Cine de L’Alfàs del Pi dentro del ciclo “Cine, Salud y Vino” invitado por la Ruta del Vino de Alicante.

Junto a María Ascensión Molina Huertas hice una ponencia titulada “De Hollywood a Holly-wine o cómo construir un discurso del vino a través del cine” y se proyectó un pequeño montaje que hemos titulado In vino, ¡¡cine!! y que está compuesto por algunas escenas en las que el vino es parte importante. Hay pedacitos de:

Agárralo cómo puedas (1988)
Barbacoa de amigos (2014)
Drácula ((1931)
El Gran Azul (1988)
El Silencio de los Corderos (1991)
Varias de James Bond…
Star Tek Nemesis (2002)
The Muppet Show
La Princesa Prometida (1987)
La Ventana Indiscreta (1954)
La Cena de los Idiotas (1998)
La Sombra de una Duda (1943)
Casablanca (1942)
Encadenados (1946)
Arsénico por Compasión (1944)
Argo (2012)

Después, al finalizar,  hubo degustación de vinos (BODEGAS BOCOPA, BODEGAS ENRIQUE MENDOZA, BODEGA LAS VIRTUDES y BODEGAS PINOSO).

Si les apetece ver In vino, ¡¡cine!! basta con que hagan click aquí.

Otro día, hablaremos de cómo el cine utiliza el vino para expresar ideas y sentimientos y cómo ha creado un ideario imaginario ene torno a él.

Las películas estadounidenses transmiten una imagen revisada del vino. Se ha convertido en una bebida con una connotación muy positiva. El vino promete juventud y salud a las personas que lo beben, ofrece la posibilidad de brillar en la sociedad.

El cine nos muestra  estresados habitantes de las ciudades se reúnan con amigos o se beneficien de las ventajas de una globalización positivamente percibida.

El vino se ha convertido en glamour, como diría Jancin Robinson, y el cine es, en parte, responsable.

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