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Con ‘El hilo invisible’, Paul Thomas Anderson lo ha vuelto a hacer. El director de ‘Boogie Nights’, ‘Pozos de ambición’, ‘The Master’ o ‘Puro vicio’ confirma, si hacía falta, que es una de la voces más personales y perspicaces del cine estadounidense actual, regalándolos una de sus mejores obras.

El californiano sigue alejado de las falaces modas que marcan, salvo honrosas excepciones, las simplonas plataformas de streaming que reducen la producción audiovisual a cápsulas diarias de 25 o 50 minutos adaptadas a nuestras frenéticas vidas y al pensamiento único de una vida sana y productiva como seres nacidos para consumir y seguir las pautas sociales, al tiempo que creemos que somos únicos, originales y progresistas por tres o cuatro detalles o acciones superficiales. Píldoras de storytelling que funcionan como ansiolíticos para nuestro desconcierto existencial del siglo XXI, uno de los peores que ha conocido el ser humano en fecha reciente, ya que no se permite mostrar la angustia existencial, el fondo insobornable, so pena de ser etiquetados como “un tío-tía pesadillas”.

Y sin tener conciencia, muchas veces lo que te gusta consumir no es el summum de la creación artística audiovisual, como te dicen los prescriptores de medio pelo, sino un placer culpable maravilloso con lo cual nunca más buscarás algo diferente, no indagarás porque ya estás plenamente satisfecho, saciado y convencido por todo un arsenal de pseudo medios de comunicación al servicio de los productores de entretenimiento audiovisual, encabezados por fans creados por ese mismo sistema perverso, reduccionista que lo etiqueta todo y que, legítimamente quiere convertir su afición no elegida en profesión.

Anderson no va de eso. Sus películas no buscan la satisfacción inmediata del espectador o el reconocimiento gratificante con nuestra cara más bonita o fea pero entrañable. Muchas de sus películas nos muestran nuestro rostro más horrible como seres humanos, pero tampoco cae en la pose de lo miserable o feista. Sus films son bellísimos estéticamente y, a su manera, Anderson siente por sus criaturas compasión infinita, comprensión incondicional y sublime perspicacia.

‘El hilo invisible’ es un film elegante con la textura, incluso en una fotografía tratada para parecer hecha en celuloide, propia de un clásico del melodrama romántico de los años 50, época en la que se sitúa la historia.

Muchos autores, algunos excelentes, tienden a adoctrinarnos con sus narraciones. Han descubierto su cosmovisión y quieren transmitirla al público cuando no imponerla. Anderson prefiere ser ambivalente, equidistante. Sí, esas posturas que detestan en las tertulias casposas-casposas y en las  progres-casposas y sin la cual es imposible tener una visión crítica de nuestro entorno, tanto político, como social y personal.

Con ecos de ‘Muerte en Venecia’ (Visconti, 1971), ‘El seductor’ (Siegel, 1971) y ‘La sirena del Missisippi’ (Truffaut, 1969), ‘El hilo invisible’ se acerca a diferentes asuntos cada cual más sugerente: La dificultad de conciliar creación artística y relación romántica, la mutua fascinación en una pareja cada uno por motivos complementarios y cuan fácil puede evaporarse, el complejo de Edipo y su transferencia a otro miembro femenino de la familia, la búsqueda personal que cada pareja tiene que emprender para encajar dos almas dispares, la comprensible mezquindad que exudamos especialmente en momentos de debilidad o posición de poder extremo o la propia asunción de que algunas personas sólo pueden echar el freno a su frenética actividad física, mental, creativa o social con un fuerte empujón u hostia de la vida. O de tu pareja…

¿Qué le falta a ‘El hilo invisible’ para ser una obra maestra? A pesar del gran trabajo del reconocido Daniel Day-Lewis y de la ninguneada Vicky Krieps, al film le cuesta arrancar y tiene bajones de ritmo hasta el giro que provocará que unos espectadores se fascinen y otros deserten. Desde ese momento, el film no para de crecer y crecer.

FICHA ARTÍSTICA Y SINOPSIS

Phantom Thread. Estados Unidos, 2017.-  130  minutos.- Director: Paul Thomas Anderson.- Intérpretes: Daniel Day-Lewis,  Vicky Krieps,  Lesley Manville,  Richard Graham,  Bern Collaco, Jane Perry,  Camilla Rutherford,  Pip Phillips,  Dave Simon,  Ingrid Sophie Schram. DRAMA ROMANTICO.-  En el Londres de la posguerra, en 1950, el famoso modisto Reynolds Woodcock y su hermana Cyril están a la cabeza de la moda británica, vistiendo a la realeza, a estrellas de cine y a toda mujer elegante de la época. Un día, el soltero Reynolds encuentra a Alma, una joven que pronto se convierte en su musa y amante. Y su vida, hasta entonces cuidadosamente controlada y planificada, se ve alterada por la irrupción del amor.

PUNTUACIÓN
Comercialidad
Valoración artística
Dirección
Guión
Interpretación
Producción
Adecuación del ritmo a la historia
Emoción
Profundidad y perspicacia
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Luis López Belda
Luis López Belda es licenciado en Filología Hispánica y Catalana, Experto Universitario en Cinematografía y Master en Comunicación e Industrias Creativas y en Formación de Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria. Editor de los blogs Esplendor en la quiebra y The most underrated films y uno de los miembros del podcast de cine El camarote de los Marx. Miembro del Círculo de Escritores cinematográficos de España, Profesor de estética e historia del cine, docente de lengua y cultura española para estudiantes estadounidenses y…futbolero, amante de la buena mesa y las mujeres bellas e inteligentes.

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